sábado, 11 de julio de 2020

A Mario Romero Pérez


FOTO: realidad.pe
DAMEL VARGAS
La agencia andina titula de la siguiente manera el suceso: –De acuerdo con diversos medios de comunicación, el “ángel del oxígeno” está grave. Se trata del empresario Mario Romero Pérez, quien vendía balones de oxígeno medicinal a precio justo de 15 soles el metro cúbico en San Juan de Miraflores, abasteciendo a toda Lima Sur–. El ángel del oxígeno está en UCI, contrajo el COVID19, seguido de una serie de adjetivos positivos a su favor, y continuación surgen las preguntas de rigor para una situación tan dura que debe estar pasando Mario:

– ¿Por qué a él?
– ¿Por qué no se cuidó sabiendo que tiene una edad de riesgo?
– ¿Logrará salvarse de esta?

Es muy posible que Mario abandone la UCI, está conectado a un respirador artificial que le da muchas probabilidades de sobrevivir, como también tiene algunas de perder la vida, he visto en el hospital donde laburo, morir personas después de estar 3 semanas conectadas al respirador, como también he visto salir airosos de alta a otros.

Mario está entubado, inconsciente, dormitando un periodo de varias semanas seguramente, esperando lo mejor y un país recordando sus actos de bondad con gran cariño, con gran respeto, adjetivándolo de héroe, de ángel, de buena persona, de empresario humilde y consciente.
No sabemos si Mario logre salir de esta situación airoso, esperemos que sí, lo que sí se sabe es que por medio de su comportamiento empresarial se ha vuelto inmortal, se ha convertido en el símbolo de la honradez, de la solidaridad y de la colaboración.

¿Ustedes saben la miel que significa para los labios de un empresario el hecho de saber tener algo que toda la gente quiere?. Es lo que tenía Mario, algo simple pero necesario, un producto como el oxígeno, que miles de personas formando colas trataban de adquirirlo, y que no escatimaban en gasto para obtenerlo, situación que otros empresarios aprovecharon para subir los costos hasta un 500% por sobre el precio publicado por Mario.

Y es que un ser humano es rico cuando teniendo la oportunidad de robar no roba, cuando teniendo el poder, no lo usas como fuente de abuso sobre los demás, algo tan simple que viene grabado en la educación, en las buenas prácticas de crianza, en los ejemplos que tuvimos en la vida, unos buenos padres, unos buenos abuelos, una sociedad justa a nuestro alrededor. Ojalá emulemos a Mario en algunos de nuestros actos en la sociedad.

Mario pudo tranquilamente vender el oxígeno a 100 soles, y si quería a más. Pero no. –solamente lo vende a 15 soles el metro cúbico–. Tuvo sus principios tan claros que no tuvo que recurrir al aumento de precios con el fin de hacerse de mayor caudal monetario. Y es acá donde quiero hacer un paréntesis, la verdadera riqueza no está en la cuenta bancaria de nadie, Mario ya era rico desde siempre, y lo sigue siendo, porque la verdadera fuente de riqueza está en el interior, que se manifestó en sus actos con su público, con los usuarios, con la gente que lo necesita, con el padre de algún empresario, con la madre de algún médico, con la esposa de algún fiscal, con algún vendedor de mercado, todos se beneficiaron de la actitud positiva de Mario.

Mario nos entregó por medio de una acción, su riqueza interior para hacernos entender muchas cosas: primero, la verdadera riqueza está enquistada en uno, sin medir el número de monedas, sin la billetera llena de tarjetas de crédito, como también la avaricia, del otro lado que puede ser parte de ti; segundo, cuando haces el bien, la propaganda viene sola, porque los actos de bondad atraen adeptos positivos, admiradores anónimos, tanto así que ahora todo un país pide tu regreso, pide tu recuperación; tercero, te haces viral de la manera más positiva posible, no hay nada más limpio para uno el hecho que te reconozcan por hacer el bien, por servir a los demás, por el altruismo de uno.

Cuando tus actos se convierten en fuente de principios, tu vida física es solo una mera presencia ficticia en la tierra. El gran caballero de los mares Miguel Grau vive para siempre en la admiración general, su vida es real a pesar de su ausencia física. Mario es el Grau del nuestro siglo, el caballero del oxígeno. Un orgullo más para los peruanos, un héroe que no necesitó de pompas para ser presentado, que la única batalla que tuvo que enfrentar fue el no quebrantar su consciencia, que su comportamiento natural lo llevó al respeto general.

Somos Mario, seámoslo siempre.

viernes, 3 de julio de 2020

Día de gloria (parte 2 de 2)



DAMEL VARGAS 
La selección de fútbol del Manuel Gonzales Prada tenía una camiseta amarilla con rayas verdes, ídem a la indumentaria de la selección brasileña, campeona del mundial 2002 en Corea-Japón; mientras que la selección de vóley vestía de celeste con rayas blancas, no teníamos como institución un uniforme deportivo que nos identifique, los varones amábamos la camiseta brasileña, nos hacía ver campeones mundiales, nos hacía ganadores desde el arranque, mientras las mujeres eran felices con la celeste y blanco.

Curiosamente mi participación en la selección de fútbol del colegio había sido siempre efímera, estaba clasificado como suplente por el entrenador Juan, siempre en la banca, a pesar de no ser un negado con el balón, tenía la seguridad que habían muchos jugadores mejores que yo, de mucho mayor talento, muchachos trabajados mejor físicamente, de buen biotipo y mentalmente más fuertes. Por eso el entrenador se aseguraba y me sentaba como un estimable quinto o sexto suplente; sí, en ese orden, y lo afirmo categóricamente porque la indumentaria era limitada, solamente habían 15 uniformes; no más, y nunca o casi nunca me ordenó ponerme el uniforme, se ponían quince tipos, y yo no era uno de ellos. Pero era suplente. El entrenador y buen profesan Juan Bardales me decía tener estima a mi talento, y que debía estar dispuesto a jugar en cualquier momento por la selección, aunque no podía vestir el uniforme porque no habían unidades suficientes, obviamente yo le creía, − ¿por qué no creerle? – era un tipo muy acertado, sabía lograr cosas importantes, lo había hecho en múltiples oportunidades. Si fue capaz de hacer que mi hermano José perdiera 12 kilogramos de tejido adiposo, y además propiciar el aumento de su estatura de 12 centímetros, a lo mejor podía hacer de mí un goleador de la selección oficial del colegio, un proyecto de futbolista profesional, una estrella del fútbol peruano. Quién sabe.

Estábamos en un aula asignada por el Mariano Melgar para usarlo como vestidor, era la entrega de uniformes a los seleccionados, el entrenador sacaba los uniformes de una bolsa transparente, ­−los uniformes, así como eran limitados, también eran de devolución rápida y obligatoria: lo usabas, ibas a tu casa con el mismo, y luego de lavarlo lo tenías que devolver a la institución­−, y llamaba de uno en uno para entregarle su polo amarillo con rayas verdes, un short verde y unos calcetines verdes con unas rayas horizontales amarillas, cuando mis esperanzas se habían agotado, nuevamente, el destino me tenía preparada una sorpresa de mucho agrado, y es que sobraba un uniforme con el número 23, que me entregó y me ordenó que me pusiera, −ya, ponte el uniforme Vásquez–, me espetó. Incrédulo, nervioso y feliz me dispuse a cambiarme, cuando finalmente estaba puesto el uniforme de la selección, fue un momento hermoso para mí, por primera vez iba a vestir el uniforme oficial de mi querido Manuel Gonzáles Prada, por primera vez me sentí dentro del equipo y por primera vez sentía las chances reales de jugar, aunque de seguro no iba de la partida, pero el segundo tiempo tenía con toda seguridad unos minutos en el terreno de juego.

La sorpresiva aparición de un uniforme libre, y que pude usar ese día, se debió seguramente a que algunos suplentes habituales, no pudieron viajar a Panamá.

¿Mi momento había llegado acaso?

Las diferentes competiciones de atletismo habían empezado temprano, eso de las 11 am ya se estaba disputando la carrera de 100 metros, carrera de postas, salto alto y salto largo. El Manuel Gonzáles Prada tenía muy buenos representantes, demás está decir que ganamos en todas las disciplinas. Había una familia –Burga− que daban hijos de un talento extraordinario, con habilidades deportivas descomunales, eran los participantes habituales de casi todas las competiciones, veías un Burga en carrera de 100 metros, otro en saltos, una jovencita de apellido Burga en vóley y uno más en fútbol. Y al parecer, los Burgas representaban a una familia muy prolífica, eran bastantes, tanto así que cuando se graduaban los de más edad, aparecían otros en grados inferiores y así nunca dejabas de ver uno, dos o más Burgas en las aulas, habían unos en primero, otros en tercero y otros más en quinto.

El partido de vóley se disputó inmediatamente después del almuerzo, comida que deglutimos muy rápidamente en las aulas del Mariano Melgar, −los que llevamos fiambre−, mientras que otros salieron a comer en casa de algún familiar, o comprar en alguna fonda panameña. El partido fue de mero trámite, la selección del Manuel Gonzáles Prada, comandada por el entrenador Salvador se impuso en menos de una hora de juego por un contundente 3 sets a cero, las chances del Mariano Melgar eran nulas, dado que nosotros teníamos en el equipo una voleibolista muy destacada, Liliana Fuentes –la gata− quien jugaba en la selección mayor del distrito, una matadora implacable de 1.72 metros de estatura y un cuerpo descomunal a sus 16 años, la gata y sus envenenados balonazos entre la net y los brazos frágiles de las rivales, hicieron sucumbir muy temprano al débil equipo del Melgar. 

El partido de fútbol tenía que empezar rápido, no había tiempo que perder, el regreso de la delegación se acercaba, así que aproximadamente 2.30 pasado el mediodía ya se estaba arrancando con el primer tiempo, recuerdo estar en la banca junto al entrenador y ver a mis once compañeros empequeñecidos por el rival porque el primer tiempo nos tocó ir desde la parte baja de la cancha, en contra del Melgar –que conocían su campo de fútbol, entrenaban allí supongo− y en contra de la misma accidentada cancha. El Manuel Gonzáles Prada, se vio atacado desde el vamos, desde los primeros ataques panameños ya sufríamos las inclemencias geográficas del campo de juego, a los 10 minutos de juego nuestro defensor Alexander, se vio obligado a cometer penalti, un mal rechazo lo obligó a cometer una falta, que si bien es cierto evitó el gol, hizo que se ganara una tarjeta amarrilla y tiro de los 12 pasos, oportunidad no desaprovechada y convertida en el 1 : 0. ¡Gol!, la gente panameña celebró efusivamente ese gol desde los once pasos, situación que mejoró el ánimo de los locales porque se vinieron con todo, tanto que 5 minutos más tarde convirtieron el 2 : 0. ¡Gol!, las tribunas explotaron, la gente invadió la cancha para celebrar con los jóvenes jugadores, y las caras de mis compañeros en el campo y del entrenador eran de sorpresa, de desazón, antes de la mitad del primer tiempo ya estábamos con una deuda de 2 goles. Mamita.

El partido más esperado, la competición más importante del día lo estábamos perdiendo fácilmente, nos estaban encajando goles de la manera más burda, y por aquel rival que siempre había sido inferior a nosotros, históricamente inferior, históricamente ganable. 

La pesadilla de imaginarse la canasta llena de goles en contra, en el tiempo de desventaja geográfica en el accidentado terreno de juego, empezaba a rondar en la cabeza del buen entrenador Juan Bardales; mientras tanto, yo veía más cercana la posibilidad de ingresar el segundo tiempo, porque algo debieron estar haciendo mal sus dirigidos, un cambio a lo mejor remediaba las analíticas del profesor.

El final del primer tiempo llegó, mis compañeros aguantaron hidalgamente el 0 : 2 en contra, porque pudimos haber recibido más de 2 tranquilamente, −los panameños se lamentarían toda su vida el no poder encajar más de 2 goles, porque tuvieron oportunidades−, pero la preocupación del profesor estaba en que los ataques nuestros habían sido casi nulos, –el segundo tiempo tiene que ser nuestro– decía en el entretiempo, –no nos pueden ganar, somos mejores que ellos, somos el Manuel Gonzáles Prada–.

El segundo tiempo estaba en marcha, la ventaja que nos dio el campo de juego era un arma más, que jugaría a favor nuestra, desde el arranque ya podíamos acercarnos a su arco, aunque ahora la desventaja era la condición de visita, todo el perímetro del campo de juego estaba lleno de aficionados panameños, tras del arco de nuestro guardameta Geiler –el pelón–, estaba la multitud más efusiva en apoyo a su escuadra, no solo insultaban a nuestro buen arquero, sino también apedreaban, tiraban botellas, y otros objetos, pero para fortuna nuestra era que esos entusiastas hinchas no jugaban, y en el campo de juego éramos 11 contra 11.

Había pasado 10 minutos del segundo tiempo y no llegaba el gol del descuento que nos dé una esperanza, que nos pueda inyectar una dosis de ánimo para poder empatar y ganar el partido; el entrenador Juan, mismo Bielsa se ponía en cuclillas, caminaba, se agarraba la cabeza, ponía el ceño fruncido, se tapaba la cara y gritaba a sus dirigidos para que pongan más huevos. Un par de minutos más tarde ya nos ordenó a toda la banca de suplentes salir a calentar, estando en plena calistenia hubo un alarido seco, de la barra pimpincana ¡Gol!, y un silencio en las tribunas. Lorenzo Burga –qué casualidad, un Burga­– conectó un potente zurdazo desde cerca del banderín de córner al interior del arco, el guardameta estaba mal posicionado que se le escurrió el balón entre su humanidad y el poste, era el 2 : 1, gol que no se celebró, el mismo Lorenzo cogió el balón y corrió al centro del campo para que el rival saque el gol y pudiera volver el fútbol de inmediato. El primer objetivo estaba cumplido: meter un gol rápidamente.

Al minuto 15 y con un gol en contra, el entrenador me llamó y me ordenó ingresar al campo, mi corazón estaba a punto de explotar, iba a ingresar reemplazando a tipos mejores que yo, compañeros que siempre me habían banqueado, pero también sabía que era mi momento, era este día o nunca, era a lo mejor, mi única y última oportunidad para mostrarme en la selección mayor. Luis Orlando –el vaca– fue el elegido, para ser reemplazado por mí, yo traté de disimular mis nervios e ingresé con hidalguía al campo, el entrenador me indicó pararme en la media cancha, y anular a los volantes creativos contrarios, no dejar pensar y atacar al pie para recuperar el balón y pasar siempre a un amarillo, −obviamente olvidé todo lo indicado e ingresé y jugué casi por pura inercia−, los primeros minutos fueron difíciles, sentí el ahogo inicial por los nervios que llevaba y la adrenalina liberada, poco a poco me fui soltando, ya había hecho unos quites y pasado unos balones a mis compañeros.
Aproximadamente a los 10 minutos de mi ingreso, porque desde entonces perdí la noción del tiempo, Lorenzo Burga nuevamente conectó otro zurdazo desde el borde del área: ¡gol!, ¡golazo! –otro grito seco desde las tribunas– y el empate del marcador: 2 : 2, se celebró en el campo y en la banca también. Segundo objetivo cumplido: empatar el partido. Tratándose de un partido de visita, no estaba mal un empate, que además de ser como se dieron las cosas –de levantar dos goles en contra– no sabía a poco, además que faltaba poco tiempo para el final, a pesar de ello seguíamos buscando un gol más, uno que resultase el triunfo, que nos de la gloria ese día, que nos inyecte esa dosis de ánimo para enfrentar ese largo camino de regreso de 4 horas nuevamente hasta nuestro Pimpingos, un triunfo que nos haga llegar orgullosos al distrito en esa tarde noche.

Triunfo que finalmente sucedió, y es que a dos minutos del final, y a falta de descuentos, recibo un balón a media altura, a unos 35 metros del arco, supongo que los rivales estaban cansados porque tuve tiempo de acomodar el balón que me quedó justa para empalmar un remate directo de derecha al arco, que asimismo resultó un tiro perfecto. GO-LA-ZO, el arquero que estaba en el borde del área chica no pudo alcanzar el balón, fue sorprendido con el tiro que venía de lejos, –fue un gol con esencia de fútbol puro, fue el arte del engaño en vivo–, cuando reaccionó ya estaba con la pelota adentro. ¡Gol!, ¡gol! Y el 2 : 3 a nuestro favor. Fue un momento de inmensa alegría, no sé ni cómo celebré o intenté celebrar, lo que recuerdo es correr hasta el banco a abrazar a mi entrenador, a agradecerle la oportunidad, a decirle que merezco titularidad, o no sé, lo que pasó luego es que ya no pude avanzar más, mis compañeros ya se habían derrumbado sobre mí humanidad, una horda de pubertos me aplastaban sobre ese gras grueso de la cancha, unos me felicitaban, otros me jalaban los pelos, otros me insultaban. Fue un momento espectacular para mí, –Lorenzo Burga era el habitual goleador de la selección; es decir, que él meta los goles era normal, pero que yo metiera un gol, no: fue el único gol que pude hacer para mi colegio en los 5 años de estudio, ¿será por eso que lo recuerdo hasta ahora?– sabíamos que el triunfo se había logrado, en los minutos finales los rivales no pudieron hacer mucho, el final fue pitado por el árbitro y el DÍA DE GLORIA fue nuestro.

viernes, 19 de junio de 2020

Día de gloria (parte 1 de 2)



DAMEL VARGAS 
Recuerdo un viaje con mis compañeros de colegio al centro poblado Panamá de Pimpingos, nos tocó en esta oportunidad visitar al Colegio Mariano Melgar, un colegio secundario con una cantidad regular de alumnos −supongo que no pasaba de 100−, era el rival a vencer en sendas definiciones de ida y vuelta para pasar a la siguiente etapa de las olimpiadas escolares. Para llegar a Panamá no era una ruta fácil, teníamos que caminar entre las montañas cerca de 4 horas por un camino de herradura que se nos presentaba con diferente nivel de dificultad dependiendo a la localidad: a la salida del distrito era arenoso y con piedras falsas, a mitad de camino entre pedregales y barro; y al final largas travesías secas y calurosas. Una ruta pesada para llegar y enfrentar en diferentes disciplinas al combinado panameño: vóley, fútbol, carrera de cien metros libres, carrera de postas, salto alto, salto largo, Etc. −obviamente el plato fuerte de las competiciones, era el partido de fútbol masculino−, el vóley también generaba una expectativa particular entre las barras de ambos colegios, pero como es habitual en nuestro país, el fútbol lleva la delantera.

El Manuel Gonzáles Prada versus el Mariano Melgar se medían fuerzas ese jueves del mes de junio del 2001.

Para llegar a Panamá desde Pimpingos, teníamos que pasar por un camino muy extenso y accidentado, iniciando con una pendiente hasta la quebrada llamada  la tacshana, luego una subida muy empinada por un camino de superficie muy falsa, fácilmente te podías resbalar hasta incluso caer por la arena del camino, una cuesta temible, muy desgastante, hasta llegar a la cima de esta montaña, sitio denominado el derrumbo, −a media subida, podías tomarte un rico sorbo de agua, directamente de una naciente, debajo de una enorme piedra−, seguíamos por una travesía larga, muy larga pasando por shanlla, cruce de Michino, el guayabo y la piedra agachada que nos llevaba hasta la fila de San Lorenzo, lugar que era como la cima de un enorme cerro, que dejaba ver debajo el enorme valle de San Lorenzo y al frente –al otro cerro− visualizabas el poblado de Panamá y El Anís.

Desde esta cumbre tenías una vista espectacular de toda esta parte del basto distrito de Pimpingos, un paisaje verde, con un fondo lleno de árboles frutales de la infinidad de chacras en toda esa extensión, se podía ver las lagunas de chupadero, la quebrada del mismo nombre, los cañaverales de San Lorenzo, los cafetales de balzal; incluso se podía visualizar el distrito de la Sacilia bien al fondo. Finalmente, y de color azul −por la distancia− a lo lejos, en una extensión perteneciente a la provincia de Bagua−Amazonas el imponente cerro de chipago que seguramente es el pico más alto de toda esa parte de la región.

Llegar a Panamá en esos tiempos no era fácil, −en la actualidad existe carretera afirmada, una media hora en motocicleta o automóvil es suficiente−, desde el otro lado, la fila de San Lorenzo, ese paisaje maravilloso te invitaba a avanzar, que llegarías rápido y que la travesía sería confortable; sin embargo, enfrenar ese camino era una auténtica odisea.

El director del colegio siempre acompañaba a los alumnos, el profesor Zenobio Vargas, un tipo serio, con el aplomo justo de un director, quien junto a todo el equipo docente completaba la delegación. El profesor Juan Bardales era el entrenador del equipo de fútbol, un entrenador muy disciplinado, nos levantaba todos los días a las 5 am a correr en las delicias. Recuerdo al profesor Juan con mucho cariño porque lograba cosas importantes con los alumnos, y no necesariamente triunfos a nivel provincial, −aunque a nivel distrital arrasábamos− sino pequeñas victorias con nuestras vidas. Mi hermano José era un tipo gordo y chato, tenía 14 años, José no nació con habilidades para el fútbol, en absoluto, no tenía ni presente ni futuro en la selección. El profesor Juan, incitado por mi padre y pensando en la salud de mi hermano, lo convocó en una oportunidad a formar parte de los entrenamientos del equipo seleccionado, lo convenció que podía ser arquero de la selección en algún momento, José empezó a entrenar disciplinadamente, se levantaba todas las mañanas a correr 40 minutos, luego a entrenar las tardes de manera intensa y finalmente hacer un poco de fútbol con otros compañeros de calidad parca, para que no se amilane. Mi hermano nunca fue convocado a los partidos oficiales, ni siquiera como suplente, pero sin ser minuciosos al inicio nos empezábamos a dar cuenta que día a día perdía varios gramos, y luego kilos de tejido adiposo de su rechoncho cuerpo; y eso no era todo, también empezó a crecer centímetros en su estatura. Al cabo de ese año José perdió 12 kilos de peso y creció 9 centímetros de estatura, fue capaz de lograr tal cambio en su aspecto corporal que no le importó alternar algún día en el equipo, mi padre estuvo muy agradecido con el profesor Juan que no dudó en regalarle un enorme gallo carioco y rizado (shirango).

Lo que quedaba desde la fila de San Lorenzo, era una bajada hasta el caserío del mismo nombre, un poblado muy pequeño a orillas de la quebrada del chupadero. Y finalmente una larga subida no muy empinada, pero sí larga, hasta Panamá.

Finalmente llegamos al centro poblado Panamá, aproximadamente 10 de la mañana, la delegación pimpincana es grande, y como es habitual el colegio anfitrión nos recibe con un rico refresco de chicha morada, formamos para que puedan darnos ese apetecible refresco, porque era un día soleado y la sed apremiaba. Recibimos el refresco y nos disponíamos a conocer un poco el poblado, sus casas de piedra y adobe eran muy características en ese entonces, hermosas plantaciones de coco, naranjos y limas adornaban este paraíso de ceja de selva. Aunque este espacio de tiempo libre era pequeño, aprovechábamos al máximo para llevarnos un bonito recuerdo visual de Panamá

Los jugadores de fútbol que formábamos el equipo del Manuel Gonzáles Prada empezamos a preguntar por la cancha de fútbol donde disputaríamos el partido de la fecha. Obviamente el plato fuerte del día era el partido de fútbol. En cuestión de competencia debo decir que el Manuel Gonzáles Prada, siempre ha dominado en casi todas las disciplinas en todos los tiempos, la razón, y espero no equivocarme, era la cantidad de estudiantes; es decir, al tener mayor número de alumnado, había mayores opciones de elección, y así pues se tenía siempre equipos de vóley compactos, equipos de fútbol ganadores, grandes competidores en atletismo. Arrasábamos siempre en todas las disciplinas. Grande fue la sorpresa para todos cuando nos enteramos que el partido de fútbol sería en la terraza principal del poblado, frente a la iglesia, espacio que a su vez se usaba como una especie de plaza dominguera para los panameños, un espacio –y el único creo− con las cualidades de campo deportivo en Panamá, pero esta cancha tenía un declive considerable, una pendiente visible para cualquiera, el arco de un lado era como que en la cima misma, en la parte alta de la pendiente, y el otro arco estaba plantado en la hondonada de la plazuela, estando abajo podías ver lo pequeño que parecías frente a tu rival; del mimo modo, si estabas al otro lado.

Teníamos claro que no sería fácil jugar en esta cancha, para ganar debíamos sostener nuestra valla en cero cuando estemos en desventaja geográfica, o al menos que no nos metan una docena de goles, y aprovecharlo al máximo cuando estemos del otro lado.

Continuará…

sábado, 6 de junio de 2020

El otro clásico, donde la garra era celeste


DAMEL VARGAS
Había una vez un clásico que se jugaba muy seguido en el complejo deportivo de Pimpingos o en la cancha las delicias. Los pimpincanos llamamos el complejo básicamente a una losa deportiva, no es que sea un centro de esparcimiento comunal a favor de la población, nada de eso. Es solo una cancha de fulbito, simplemente. Y las delicias es un campo deportivo grande, con medidas para la práctica de fútbol que se encuentra también en Pimpingos al costado del cementerio general, las delicias es una cancha de arena que cumple creo yo, con las condiciones mínimas para la práctica del balompié, tiene dos enormes arcos de guayaquil y cada vez que hay un partido oficial se pintan las líneas demarcatorias con arena blanca fresca.

Estos dos campos son testigos de esta gran rivalidad que existió en el aula de la promoción 2003 del colegio Manuel Gonzáles Prada, una rivalidad que se gestó desde el amor descontrolado por dos clubes de fútbol nacionales, el Club Sporting Cristal y el Club Universitario de Deportes, equipos que en esos años (1997-2003) dominaban el fútbol profesional en el Perú. Cabe mencionar que la mitad de alumnos varones del aula eran hinchas de Cristal, mientras que la otra mitad de Universitario, no sabemos la razón para que no haya alumnos seguidores de Alianza Lima (aunque hubo un compañero hincha de Alianza, pero repitió en el primer año por eso no lo incluyo en el relato), el otro club con gran arraigo popular en el país, o es que los astros se alinearon para hacer posible este “otro clásico” que cada vez que se jugaba lo hacían con el cuchillo entre los dientes, masticando vidrio, pisando carbón, con una entrega y coraje que eran capaces de dejar la propia vida en el campo con tal de no salir derrotados, jugaban con el corazón en la mano desde el primer minuto hasta el último, perder significaba muchas cosas en contra para el equipo, dejando en claro que no solo era un partido de fútbol, una derrota representaba aguantar la mofa toda la semana en el aula, y un triunfo enaltecía su reputación, los hacía respetables dentro del aula, les permitía burlase del otro, aseguraba una semana feliz esperando el próximo partido que era rápido, en días. Había tiempos en los que los enfrentamientos llevaban incluso a finales inciertos, a vece con peleas entre compañeros y batallas campales, por suerte eran chicos, y de la misma aula, así como un partido de fulbito los enemistaba rápido, también los juntaba de la misma manera.

El equipo de Universitario lo integraban Edwin (titular de la selección MGP), Helder (titular de la selección MGP), Abdael, Dante (titular de la selección MGP), Orlando (titular de la selección MGP), Ray y Leo,  de los 7 integrantes 4 de ellos eran titulares indiscutibles de la selección oficial del colegio, la selección del MGP en esos años arrasaba con cualquier rival que se presentase, era un equipazo y los 4 jugadores de mi aula eran buenos, Edwin arquero, se creía el Ibáñez de su equipo, y debo decir que si tapaba bien. Helder podía jugar de defensa, como también de delantero y lo hacía excelente, Dante un delantero cumplidor, de gran pegada, Orlando era un buen jugador, aunque un poco parco diría, su lentitud en el campo era su defecto y en el aula era el chico malo, el jaguar del colegio, se aprovechaba de su biotipo para hacer sentir su predominio frente a los demás, no podías contradecir a este tipo o te ganabas un sopapo, Leo era un tipo con pinta de jugador, tú lo mirabas y pensabas que te podía rendir en el campo, pero en la práctica era malísimo, no tenía posición en el campo, cuando a Edwin se le antojaba, guardaba en el arco a Leo. Abdael y Ray completaban ese equipo, Abdael con mejores condiciones que Ray quien luchaba con lo que tenía, como podía a favor de su equipo. Ray era el alumno de estatura más baja del aula, condición que hacía que sus compañeros le armaran mofas; además, tenía una cara que te invitaba reírte con él o de él, cosa que no le molestaba mucho, tenía mucha correa. Y es lo que había, es lo que era el equipo de la U, un cuadro con el 80% de la selección del colegio. Un equipazo.

Mientras que el equipo de Cristal lo componían Geiser, Hammer (titular de la selección MGP), Alberto (titular de la selección MGP), Daniel (a veces suplente de la selección MGP), Alejandro y Alber. Edinson era también un jale de Cristal, un tipo al que no le gustaba el fútbol, y si jugaba lo hacía por compromiso, generalmente cuando faltaba algún integrante del equipo, pero aportaba completando jugadores cuando se le solicitaba. A todo esto, si analizas objetivamente esta plantilla, te darás cuenta que era un equipo discreto, la mayoría de los integrantes no componía el equipo seleccionado de colegio, de estos 7 sujetos, seleccionados del colegio eran Alberto, Hammer y Daniel; este último, rara vez jugaba unos minutos en la selección, si jugó algún día, lo hizo pero entrando solo algunos minutos al final del partido, y cuando la victoria ya estaba asegurada, nunca fue importante para la selección.

Geiser hacía de arquero del equipo, un tipo muy nervioso, era un portero que no brindaba seguridad, podía escurrírsele el balón muy fácilmente de las manos; un portero inseguro. Alejandro era un tipo alto y flaco, pero con pocas cualidades para mover el balón, no tenía posición definida, para escribir lo hacía con la izquierda, pero para jugar al fútbol no se sabía qué pie dominaba, y para asegurar, siempre jugaba de delantero, atrás siempre la cagaba. Hammer era un buen jugador, tenía un puesto en la selección del colegio y su puesto era centrodelantero, debo decir que en la selección no daba la seguridad que sí tenía cuando jugaba para Cristal, se transformaba en un delantero goleador, no perdonaba una. Bola que recibía en el área, bola que embocaba al arco. Alber era un gordito simpático, que formaba parte del equipo porque no había más jugadores, pero tenía el corazón más celeste que todos, era un tipo hincha de Cristal al extremo y lo que no tenía en habilidades con la pelota lo tenía en cojones, o pasaba el jugador o la pelota, nunca los dos. Por seguridad a su propia portería, Alber jugaba de delantero también, junto a Hammer y Alejandro. Capítulo aparte para Alberto, el mejor jugador, a lo mejor de toda el aula, de todo el colegio, no tengo duda de eso, Alberto era el Riquelme del equipo, o el Solano, si lo comparamos con un grande del Sporting Cristal, el distinto, técnicamente muy dotado, tenía la visión del juego en el equipo, era el líder natural dentro del campo, el que ordenaba de la mejor manera a sus limitados compañeros para repeler al equipazo que tenían en frente. Junto a Daniel jugaban en la defensa. Alberto se metía el equipo al hombro, nunca jugaba mal, era el destacado siempre.

Cristal tenía en su equipo como máxima figura a Alberto, todo el equipo jugaba alrededor de él, todos hacían caso a sus indicaciones acertadas siempre en el campo, esta escuadra cuando se trataba de un Cristal-Universitario, se transformaba se volvía un equipo combativo, una escuadra avasalladora, un huracán, Geiser tapaba bien, Daniel se transformaba en un defensa infranqueable, Alejandro era un delantero que se comportaba como el primer defensa del equipo, Alber hacía sufrir a la defensa rival, hasta goles metía. Era un equipo con garra, una escuadra que se entregaba por completo en defensa de sus colores, unos leones dentro del campo. En tanto la escuadra de Universitario era una constelación de estrellas, 4 de los 6 jugadores eran buenos, muy buenos diría, pero cuando se articulaban, no jugaban tan bien como sí lo hacían en la selección del colegio. Les faltaba algo, ¿será que necesitaban un Alberto en su equipo?, o ¿tenían hasta 4 de ellos y los egos de estos 4 líderes jugaban en contra de su escuadra? no tenían la unidad que sí tenía Cristal, les costaba ganar, el exceso de talento jugaba en contra de su equipo. Con esto no quiero decir que Cristal siempre ganaba los partidos, obviamente Universitario tenía lo suyo, eran buenos jugadores, y muchas veces sus recursos individuales salían a relucir para salvar partidos, Edwin era el defensor más efusivo de su club, el más enérgico de su equipo, el que era capaz de pechar a su compañero si no estaba poniendo todo.

Cristal desde su inferioridad partido a partido pudo emparejar de lejos, a lo largo de los 5 años de estudios los partidos, hasta podría afirmar 20 años después que, en la balanza, Cristal tiene más triunfos que Universitario en el historial de enfrentamientos. Ojalá pudiéramos retroceder el tiempo y observar desde esas gradas improvisadas del complejo, o desde las gara garas, tras del inmenso arco de guayaquil en la cancha de las delicias; sí, porque esta sarta de pubertos jugaban 6 por cada lado en una cancha de fútbol cuando se proponían, partidos de este “otro clásico” que se jugaba con el corazón en la mano, allá en este pueblo lejano de la provincia de Cutervo. Estoy seguro que estas batallas seguramente viven aun en los recuerdos y los corazones de estos adultos ya, pero que conservarán el alma de adolescente, defendiendo sus colores hasta el último aliento.

sábado, 25 de abril de 2020

Falsa Alarma



DAMEL VARGAS  INGA


Era un 24 de diciembre del 2019, vísperas de la navidad, todo el mundo se prepara para recibir la noche buena. Las familias se alistan para ir de compras, los preparativos en esta parte oriental del Perú para estas fechas festivas suelen ser a base de pavo, chancho, gallina, cuy, panetón, buñuelos, miel, quesillo y otros apetitivos para una noche familiar, aparte claro de algunos licores para brindar. Jorge y Paula se preparan para pasar su primera cena navideña en la selva peruana, ellos viven en una comunidad de la provincia de Rioja llamada, La Victoria, perteneciente al distrito de Nueva Cajamarca, Jorge Seminario es nativo de la región Cajamarca, Chota más específicamente mientras que Paula Urrutia viene de la provincia de Bongará, Amazonas.
Esta cena navideña para esta pareja de concubinos tiene un detalle que no es menor, Paula tiene 40 semanas y 5 días de gestación de su primer hijo, y la fecha probable de parto, según la última ecografía, es el 25 de diciembre, razón más que suficiente para estar nerviosos y alarmados este día. Pero como no ha habido ningún signo y síntoma que pueda preocupar a estos padres novatos deciden planear sin mediar más detalles la cena navideña, se levantan muy temprano y decidieron comprar un gallo del mercado del lugar para hacer el preparativo, aparte de los demás ingredientes de tan suculenta comida claro, además decidieron invitar a sus hermanos de Paula que vendrán en la tarde para cenar, ellos viven en una comunidad cercana llamada San Fernando, se dedican a la siembra del arroz y al negocio de la construcción.
La pareja acude al mercado local a escoger un gallo promedio para ser preparado al horno, uno de 6 kilos es suficiente dice Paula para sosegar el apetito de todos los invitados, Paula es chef de profesión así que la opinión de Jorge no es tan importante al momento de calcular raciones de comida y otras opiniones culinarias. Compran el gallo, las especias para prepararlo y demás ingredientes de cocina que se necesitará en el día. Los jóvenes regresan a su hogar aproximadamente a las 8 de la mañana, preparan un desayuno rápido y comen juntos como siempre, en seguida Paula se dispone a sacrificar al gallo y condimentarlo para que tome contacto con la carne hasta la tarde, momento en que será hornado.
Aproximadamente a las 9.30 de la mañana cuando Paula estaba lavando sus utensilios de cocina, de pronto siente un dolor agudo en el bajo vientre, como es natural se apoya con la mano izquierda en el lavabo y con la otra recoge su enorme barriga, se pone en cuclillas y avisa de pronto a Jorge quien de reojo observa la escena, porque se encontraba viento la televisión en la sala, se percata y salta para recoger en brazos a su tierna doncella, lo auxilia y cual bastón la lleva al dormitorio, más allá del susto esperan un momento para comprobar que se tratara de un dolor de parto, es decir, si se intensifica o disminuye con el paso de los minutos. Habrían pasado 10 minutos y Paula está segura que el dolor se está incrementando, Jorge se desespera, son padres primerizos y no saben qué hacer en ese momento más allá de que con anticipación habían hecho un plan de actuación en caso ocurriese lo inevitable.
Estos padres primerizos habían elaborado una “guía de actuación ante el proceso de parto de Paula-2019”.
El paso a seguir según su “guía de actuación ante el proceso de parto de Paula-2019” era conseguir una movilidad para trasladar a la paciente al Hospital EsSalud Moyobamba, y como el dolor no mermaba; más bien, a juicio de Paula, este aumentaba, Jorge acudió rápidamente al terminal de autos y contrató uno para trasladar a su dulce Paula exclusivamente al Hospital, llegó al domicilio y encontró a su mujer retorciéndose de dolor, sin verificar los avances de los preparativos de la cena y dejando todos lo avanzado hasta el momento tal como estaba, se dispuso a ayudarla a subir al automóvil para enrumbar lo más rápido al sanatorio que se encuentra a unos 45 minutos aproximadamente.
El primer paso de la “guía de actuación ante el proceso de parto de Paula-2019”. Cumplido.
Paula y Jorge se conocieron en Lima, ambos eran estudiantes en aquella época, Jorge Ingeniaría y Paula Chef, por allá por el 2014 fue cuando decidieron estabilizar su vida y ser una sola de ahí en adelante, desde el 2017 conviven y desde aquella época dejaron de usar anticonceptivos para procrear un hijo que significase el regalo más grande que pudieran recibir como fruto del amor de estos tortolos, es así que para fines del mes de abril del 2019, justo cuando Jorge había conseguido un importante trabajo en una empresa constructora en la región San Martín, Paula experimenta un inusitado retraso menstrual, el cual a la prueba rápida resulta positivo, confirmándose sus grandes sospechas con la ecografía, que en efecto, 6 semanas de gestación tenía, fue tan inmensa la alegría tras la noticia para los dos, que Paula decidió dejar un importante trabajo que tenía en la ciudad de Lima y viajar de inmediato junto a su amado a una lejana comunidad de la provincia de Rioja, La Victoria, y además por falta de medios económicos para viajar por aire, tuvieron que pasar un largo viaje de 27 horas en bus, Paula presentaba ya los síntomas del embarazo y el largo viaje causó estragos en su aspecto, gracias a la divina providencia pudieron llegar bien e iniciar una nueva vida juntos en esta provincia remota.
Ya con el automóvil en la puerta de la casa, y en solo segundos, Jorge cargó en brazos a Paula y la subió, aseguró con llave la casa y partieron hacia Moyobamba, él mimaba con ternura la barriga de Paula, la acariciaba, la besaba tratando de disminuir el dolor, Paula sentía que el dolor cada vez era mas intenso. Por suerte entre Nueva Cajamarca y Moyobamba el tráfico en muy fluido y en unos 35 minutos ya estaban en la puerta de emergencia del Hospital, rápidamente pagaron el costo del traslado y con el bolso de parto que con antelación ya habían tenido listo y preparado ingresaron.
De inmediato Jorge trató de explicar la situación, pidieron la identificación de rigor de la asegurada y la hicieron pasar a una camilla del tópico de emergencia, un joven médico se hizo presente para atender a Paula en primera instancia, Jorge no se separaba de su lado hasta que el médico con guante en mano hizo un control de dilatación, para sorpresa de los dos el médico les dijo que no había siquiera signos evidentes e iniciales de proceso de parto; es decir, el dolor intenso que sentía era de otra etiología, que lo mas probable se trataba de una infección urinaria, solamente extendió una orden que Jorge interpretó en seguida, se trataba de un examen de orina que tenía que realizarse de inmediato. Se realizó la toma de muestra en el mismo tópico de emergencia para luego ser trasladada a ser hospitalizada en el servicio de ginecobstetricia, la canalizaron y aplicaron analgésicos para disminuir el dolor.
En aproximadamente media hora, cuando Paula había empezado a sentir mejoría fue que llegaron los resultados de laboratorio, efectivamente se confirmaba una infección urinaria y se tenía que empezar a aplicar antibióticos ese mismo día, aparte por orden del ginecólogo Paula se tenía que internar los 5 días que dura el tratamiento, Jorge no estaba de acuerdo al principio, porque según argumentó podía tranquilamente llevar ese tratamiento en casa, la navidad también era una excusa, pero el médico adujo que por la lejanía del domicilio no era aconsejable llevar a Paula, aparte de que podía en cualquier momento iniciar su proceso de parto y el estrés sería mas matador para ella el hecho de ser trasladada de un lugar a otro.
Jorge comprendió que esa navidad lo tenía que pasar solo, lejos de su amada, sin la deliciosa cena navideña, sin los invitados. Pero sobre todo angustiado.

martes, 14 de abril de 2020

Comí del fruto prohibido



DAMEL VARGAS INGA

Por alguna razón, mi familia, y me refiero a la mas cercana, mi padre y mi madre, nos acercaron mucho a sus padres, es decir a mis abuelos. Muchísimo diría, a mis abuelos paternos sobre todo, más que a los maternos; la razón, la cercanía de su vivienda con la nuestra. Digamos que mis abuelos paternos viven a 10 minutos, mientras que los otros viven a 4 horas de camino, desde luego no es mezquino decir que adoro a mis 4 abuelos. 

Mis abuelos paternos desde que éramos muy pequeños eran cuidadores temporales de nosotros, mis padres por distintas razones, nos encargaban por momentos y algunas veces por días. Mis abuelos a diferencia de mamá y papá son menos estrictos con nosotros, menos impacientes y más complacientes. Razón, creo yo, para tener un apego que ha durado hasta ahora, 30 años más tarde. A mi abuelo le decíamos y le decimos papá y a mi abuela mamá.

Los dos abuelos son muy bondadosos con nosotros, somos nietos muy mimados, nos sentimos queridos y amados. Mi hermana y yo siempre nos quedamos en casa de ellos, nos encanta estar cerca de ellos ya que nos tratan como a unos muñecos, nos atienden como a nadie, nos hacen sentir únicos y eso nos encanta, los abuelos son católicos y nos inculcan los principios cristianos todos los días, siempre hacen rosarios en los que participamos muy seguido y de manera activa, mi abuela está segura que mi hermana será una “rosariera” en un futuro como su abuelo porque tiene muy buena voz para rezar los misterios. 

Tenemos la dicha de haber nacido en una familia que desde el tronco se han construido bases morales muy sólidas, aunque debo afirmar que mi abuelo y mi abuela son totalmente distintos, mi abuelo es un caballero a carta cabal, un hombre intachable y ejemplo para la familia y la población, un tipo incapaz de decir una palabra soez, un tipo muy inteligente. 

A pesar de haber tenido educación solo hasta el segundo grado de primaria, es un tipo que lee y entiende lo que lee correctamente. Un ser humano calmado, escuchaba mucho a su interlocutor, un creyente en Dios, un tipo con una autoridad moral consolidada para opinar dentro de la familia y la comunidad. Una garantía. Un señor de señores, galante siempre, en fin; creo esta vez, o sobran los adjetivos justificados para describirlo, o es que no los encuentro. Un señor que ha marcado mi vida, un personaje que estalla mi mente a cada momento del día, lo recuerdo mucho a pesar de la distancia, un tipo que pasa por tu cabeza y cavilas: no estoy haciendo bien las cosas, o las estoy haciendo bien, pero podría hacerlo mejor, o debo cambiar de estrategia para cumplir con mis objetivos. 

Y por otro lado mi abuela, que debo decir es el “complemento perfecto” para él, es el anillo al dedo, la media naranja, su otra mitad, la compañera de toda la vida. Mi abuela tiene un carácter totalmente distinto a mi abuelo, por eso lo de “el complemento perfecto”, tiene un carácter más arrebatado diría, o atrevido si cabe el caso, una mujer de armas tomar que a diferencia de mi abuelo es capaz de estallar en guerra si se encuentra en una situación apremiante, o ante alguna amenaza a su persona, o a su familia, ella siempre está preocupada por el bienestar moral de sus hijos, nueras y nietos, muy interesada en la educación tanto cívica como religiosa, del comportamiento de uno en la comunidad, una mujer siempre con la mirada hacia afuera, siempre tratando de cuidar la imagen de la familia ante la sociedad, procurando en los suyos siempre como resultado el éxito personal y profesional, una vez más cumpliéndose lo de “el complemento perfecto”. 

Mientras mi abuelo es el artífice y arquitecto de los principios morales y espirituales al interior de la familia, mi abuela controla la administración de recursos humanos, si cabe el término, con fines promocionales, si existe el “merchandising” familiar dentro de la comunidad. Mi abuelo es ese paradigma viviente dentro de la familia y mi abuela es la autoridad que te abre los ojos para hacerte ver en él ese ejemplo de bien, ese prototipo de lo que es correcto e imagen de bondad, esa pareja que alguna vez se llegaron a enamorar, muy jóvenes ellos y hace muchos años, que desde una provincia remota empezaron a construir una familia y una nueva comunidad entre montañas vírgenes en los confines de la lejana Cajamarca.

Muchos recuerdos tengo con mis abuelos, mi abuela es una mujer que no escatima detalles en casa, es muy cuidadosa de sus cosas, y el cuidado por sus nietos es único, cuidaba mucho de mi salud. Por ejemplo para ella es un quebrantamiento a las leyes de sanidad en el hogar el hecho de comerse plátanos “maduros” sin cocinar en el invierno, porque supuestamente consumidos fríos, como está la fruta, producían unos cólicos que hacían retorcer de dolor a los escuincles; en mi caso, y fiel al desacato, recuerdo haberme comido un plátano sin su consentimiento, y en invierno, en una época de lluvia tremenda. La banana me lo ingerí escondido obviamente, sin que ella se diese cuenta, recuerdo haber disfrutado como nunca de esa fruta en un rincón de la casa, sin que ella me vea; seguramente, y no lo recuerdo muy bien ahora, pero supongo que tenía mucha hambre en ese momento, mi inocencia de niño me había convencido que la abuela no se iba a dar cuenta, estaba seguro de haber realizado el crimen perfecto, de haber burlado la máxima seguridad en el hogar sin que la sigilosa abuela me hubiera rastreado en absoluto. 

Después de consumir el suculento banano “maduro” y en el frenético invierno, recuerdo hasta ahora, y muy claramente haber obviado una actividad clave para que la abuela no me pillase, al parecer no me limpié la boca, o más claro, alrededor de ella; ya que, justamente al caminar lentamente por su costado, me apuntó con su mirada y me exclamó: ¿y no me vas a invitar? ¡a pesar que me has guardado! ¡mi hijito piensa en mí! ¡nunca come solo! Avergonzado asentí mi rostro hacia abajo, porque no me quedaba de otra, y con mis pequeñas manos; pequeñas, porque era un niño de no más de 4 años, me toqué la cara de culpa que ya llevaba, y ese es el momento que pude comprobar restos de plátano “maduro” cerca a mis labios, y lo peor, que lo había consumido en invierno, exponiéndome a un espasmo seguro, a unos dolores intestinales agudos por la noche. 

No recuerdo si tuve esos padecimientos nocturnos en mi barriga, pero lo que sí estoy seguro es que la abuela me vio comiendo mi plátano “maduro” escondido en algún lugar de la casa, y no fueron los restos de esa delicia prohibida en mi boca los que me delataron, obviamente ella evitó el cruce intempestivo y en el acto, ya que me quería mucho y a lo mejor pensaba que sería muy vergonzoso para su nieto querido encontrarse en una situación de insolencia frente a su estricta abuela. No recuerdo muy bien, pero tuve un llamado de atención que como siempre fue de la manera más cariñosa posible quedándome con un aprendizaje de valor para toda la vida, podría asegurar que la abuela lo hubiese asado o sancochado ese banano “maduro” si le hubiera pedido, seguramente si comunicaba a tiempo sobre la necesidad de comida que sentía en ese momento, ella me habría ofrecido alguna alternativa a ese frío apetitivo; pero yo no, mis prejuicios pudieron más, el hecho de comer el fruto prohibido a escondidas y sin que nadie me pille me ganó, mi arrebato por la desobediencia pudo más y mi inocencia de niño me llevó a tener una experiencia con mi dulce abuela que siempre recordaré.

lunes, 6 de abril de 2020

Testigo del Coronavirus

DAMEL VARGAS INGA


Levantarse cinco en punto de la mañana para mí es una hora normal como en todos estos meses, los días que pasaron y los que vendrán, con frío o con calor, con lluvia o con cielo despejado y con luna llena, con el canto de los pájaros o con las picaduras de molestos zancudos de madrugada. 

Los días para mí empiezan a esa hora, la estación no condiciona mi amanecer, el verano será seguramente más favorable, y por otro lado el invierno hará más tétrico mi desapego de esas mansas y ardientes mantas, pero es lo que hay, una responsabilidad que va más allá de un horario, una condición climática adversa o una distancia sustancial entre mi domicilio y mi trabajo. 

Confesaré que desde hace 8 meses estoy realizando mi desempeño laboral como Licenciado en Enfermería, una profesión de mucha dedicación, de mucha humildad y apoyo al prójimo que siempre está anhelante de ser atendido de la mejor manera, es un arte el hecho de brindar la atención al usuario, es siempre un placer hacerlo para quienes nacimos con esa vocación; pero, les cuento que la mejor parte de esta historia es que mi centro laboral está situado a 38 kilómetros de mi vivienda que se encuentra en Nueva Cajamarca, una distancia considerable que podría ser fuente de cobardía para muchas personas, porque no es tan normal que alguien se tenga que trasladar distancias como estas para realizar su trabajo profesional, en mi caso lo hago con mucho gusto, son 8 meses que llevo ese ritmo de vida madrugador y disciplinado para tratar siempre de llegar temprano al trabajo que específicamente se localiza en la ciudad de Moyobamba- San Martín. 

Durante estos 8 meses he tratado de buscar algún tipo de medio que permita trasladarme esta distancia de la manera menos estresante; es así que, con mucho esfuerzo he adquirido un automóvil que me está consintiendo llegar con cierta comodidad y a la hora exacta siempre, antes me trasladaba a un paradero de autos que se encuentra muy lejos de mi domicilio, haciendo engorrosa mi salida todas las mañanas, teniendo en cuenta que mi ingreso es de las 7.00 horas motivaba mi salida de casa más temprano aún, además de otras veces la situación de dejar al azar mi puntualidad por falta de pasajeros en ese vehículo público, y otras veces por condiciones climáticas hacían demorar mi llegada al paradero, debo confesar que ahora con mi propio automóvil dispongo de mayor confort para salir de casa y trasladarme con un mejor escenario de bienestar al trabajo que también ha representado en este estado de emergencia un privilegio insólito, ya que la cancelación de la circulación de servicio público de pasajeros ha generado la locura por poder llegar al centro de trabajo a muchos habitantes, escenario que no me ha preocupado mucho en este tiempo, aunque me ocupo sí, de captar a compañeros de trabajo, a los que pueda, y ayudarlos a transportarse cada vez que concordemos en los turnos programados; eso sí, me dedico también a generar los salvoconductos para poder transitar de manera tranquila de una ciudad a otra, porque todo ha ocurrido de repente, en un abrir y cerrar de ojos, de la noche a la mañana, nadie lo esperaba, no estaba ni en los sueños de los más grandes visionarios las condiciones de vida a la que hemos llegado, llevamos 22 días de distanciamiento social obligatorio impuesto por el gobierno central, 22 días de un parcial cumplimiento en algunos casos, premisa que ha llevado a decretar el domingo 05 de abril la inmovilización general obligatoria, es decir no podrás salir de tu casa por ningún motivo; yo, en mi condición de profesional de la salud y con la documentación solicitada voy a trabajar y tengo que trasladarme en este día.

Día 05 de abril que como siempre me levanto muy temprano y raudamente me apresto a subir al vehículo, arrancar y empezar a conducir la primera calle desierta, el auto empieza a circular suavemente, casi no se escucha el sonido del motor porque va muy lento, yo con la mano derecha al volante y el brazo izquierdo sobre la ventana abierta en su totalidad, se siente el frío de la madrugada, ese aire que ingresa por las dos ventanas delanteras abiertas y que golpea mansamente mi cara y mi brazo que esta hacia afuera, es un día bonito sin lluvia y con un sol que emerge del horizonte hacia el cielo eterno, cruzo la primera avenida y ni una persona, las almas están dormidas, los peruanos están en sus casas por disposición del gobierno, nadie puede salir hoy, nadie puede aproximarse siquiera a la esquina, solo un puñado de peruanos saldrán hoy, y yo soy uno de ellos, seré testigo preferencial de este día donde todos están escondidos, atestiguaré lo que pasa en las calles y en las pistas mientras tu estas encerrado o encerrada, este domingo personas comunes no pueden salir a disfrutar de un fin de semana más. 

El coronavirus un ser que per se no es un ser vivo, un ser que es 8 veces más pequeño que una bacteria, una criatura que ha sembrado el terror en todo el mundo y que se ha encargado de ablandar los egos más gigantes, un parásito minúsculo pero con una capacidad de infección gigantesca, el mundo entero en estos momentos está enfrentando una crisis humanitaria tan inmensa como la vivida en la segunda guerra mundial, esta peste que recién comienza no tiene antecedentes y en este milenio de globalización está desnudándonos frente al universo como especie, nosotros que siempre estamos dispuestos a fabricar el arma más novedosa y sofisticada para cada amenaza, hombres que fuimos capaces de caminar en la superficie de la luna, seres de una inteligencia extraordinaria hoy en día nos estamos arrodillando ante esta peste que vino para quedarse. ¿Hasta cuándo será?, ¿Cuándo acabará?, seguramente hasta ser capaces de generar un mecanismo farmacológico de inmunización u otro medicamento de carácter viricida; mientras tanto, durante su estadía lejana o corta en el planeta se llevará a personas que amamos tanto: nuestros padres, hijos, hermanos, personalidades del mundo, maestros, grandes leyendas del deporte y otros. 

El camino al trabajo sigue, y mientras conduzco con la radio encendida, escucho las noticias de la mañana, las cifras oficiales crecen cada día, de todo el país aparecen nuevos casos, en regiones donde no había registros, para hoy ya hay, en regiones donde había pocos casos, ahora hay más y donde no habían fallecidos, para hoy las hay. De pronto escucho decir al periodista que de ayer para hoy ha aumentado en más de 500 nuevos casos, ¡guau!, no es normal esta situación, lo mismo pasa con los fallecidos. Días atrás, en Italia y España se leía la muerte de unos cuantos al día a causa de la peste, luego decenas, centenas y finalmente miles en solo 24 horas, acaso en el Perú vamos por ese camino, el destino es desconsolador e indescifrable, acaso estamos a días de leer en las noticias de las cifras de centenares o miles de víctimas cada 24 horas, a este ritmo que vamos que ya no nos sorprenda lo que puede suceder. Cruzar la ciudad desierta, sin ambulantes, sin viajeros, sin empresas de transportes, sin borrachos ocasionales de un domingo por la madrugada, sin mirar mucho me apuro en salir hacia mi destino, el camino está vacío, no hay camiones que me hagan disminuir la velocidad, no veo personas levantando la mano al filo de la pista tratando de viajar a otra provincia, no hay vendedores ambulantes de desayunos, no hay bullicio común. Todo es silencio y apacible. En mi soledad trato de dialogar con mi conciencia, pregunto al universo si es normal vivir así, somos seres aturdidos por el caos, vivimos del ruido, disfrutamos del desorden y no es posible que el mundo de pronto se haya detenido, que todo esté ordenado, que de pronto un repentino insomnio general haya generado un lúgubre adormecimiento este domingo; porque,  no es costumbre en mi ciudad y en mi país, no es normal que toda la población se quede en casa, será que nuestro destino hacia la extinción está empezando ahora, que nuestros días están contados, que el juicio final está cerca. Quien sabe. 

Este domingo que nos ha tocado vivir no lo olvidaré jamás, sobre todo porque fui un testigo presencial de este episodio inestimable en mi vida, ha sido un día único en la historia, no recuerdo haber vivido un día de soledad peregrina como este, aunque hay que decir que nos falta un domingo más,  este día es la primera vez que conduje un automóvil durante 38 kilómetros completamente solo, no se me cruzó otro automóvil, una motocicleta, un camión u otro tipo de vehículo, nada, ni siquiera una camioneta de la policía o el ejército conduje completamente solo, mi coche es el testigo único de este viaje inmortal, yo y mi destino frente a frente, 40 minutos de charla interior de un destape de consciencia, un antes y un después en mi vida, después de este día mi vida no será la misma, después de este viaje, vendrán muchos más, pero como este ninguno. La catarsis que he experimentado hoy me obliga decir que mi mundo ya no será el mismo a partir de ahora, que mis acciones cambiarán para bien, que no veré con los mismos ojos malévolos o no a mis semejantes, que ya no seré el mismo niño que deambulaba por el mundo sin saber que hacer o que no hacer, este 5 de abril, que también es un día que emula el autogolpe de 1992, un día negro para nuestra historia política nacional, pero que en esta oportunidad representará un nuevo amanecer, es la segunda oportunidad que me da la vida para ser un buen ser humano, es el día en que tracé mi nuevo camino, este domingo bendito lo recordaré toda la vida.



viernes, 20 de marzo de 2020

El Wembley Debajo el Puente

DAMEL VARGAS INGA




Siempre hay razones para hacerlo pero muchas veces no se encuentran las palabras para escribir lo que le sucede a un hombre cuando “se hace hincha”, “se enamora” o “se fanatiza” de un equipo de fútbol, este es mi relato acerca de mi afición descontrolada por el Club Sporting Cristal.

Hay muchas personas que empiezan a amar a un equipo de fútbol por herencia (o por imposición): como el padre es hincha de tal equipo, el hijo también lo será, o si el abuelo o si el hermano mayor o si el tío, Etc. mi caso no tiene nada que ver con tales o cuales supuestos, ya lo entenderán. Las luces de recuerdo que tengo acerca de mi infancia empiezan desde aproximadamente los cuatro años de edad, recuerdos someros y reticentes, pero recuerdos al fin; recuerdos difusos, efímeros y poco claros, chispazos de imágenes que aún quedan en mi mente frágil de aquel entonces. 

La mayoría de luces de recuerdos que poseo es con mis padres, quizá siempre en relación con la comida en familia, con el dormitorio, con alguna reunión social y algunas situaciones más a lo mejor con mis hermanos, teniendo en cuenta que a esa edad tenía hermanos mayores y menores: hermana mayor y hermano menor. En fin, se dice que existen personas que son capaces de recordar situaciones infantiles de edades menores a la expuesta por mí, es normal. Si heredo la pasión por el fútbol a algún familiar, debo decir que es a mi padre, él es contemporáneo a muchos futbolistas gloriosos que brindaron las mayores glorias al fútbol peruano, vivió en persona la clasificación de la selección al mundial de fútbol México 1970, Argentina 1978 y España 1982. 

Mi padre se sabe de memoria todos los jugadores de la selección, hasta los suplentes los recuerda hasta ahora, el Perú era potencia mundial en ese entonces, competía con las grandes selecciones del mundo como lo eran en ese entonces Italia, Brasil, Alemania, Francia e Inglaterra; es más, se dice que en Sudamérica las mejores selecciones eran el Brasil de Pelé y el Perú de Cubillas. Obviamente el Perú de Cubillas estaba acompañada de grandes jugadores como Sotil, Oblitas, Velasquez, Gallardo y muchos cracks de talla mundial, y más adelante para la última clasificación de esa generación emerge un jugador de un talento extraordinario, como es Julio César Uribe, jugador clave para la clasificación a España 1982. Bueno no me adentro más en contar la época de gloria auditiva que vivió mi padre porque se podría extender mucho, digo, gloria auditiva porque mi padre vivió en un lugar donde solamente se escuchaba radio, la televisión llegó mucho después; es más, confesaré que la primera vez que yo vi un partido de futbol por televisión fue a los ocho años, fue la final del Mundial de Fútbol Estados Unidos 1994. En fin, recuerdo a mi padre escuchar partidos de las eliminatorias para el mundial 1994, cuando la selección ya no era la poderosa de antaño, con mucha nostalgia se dedicaba a recordar a esos grandes jugadores que ya no estaban más, que se retiraron del futbol y lamentablemente nuestro sistema no pudo generar ese recambio generacional, como también recordaba a los jugadores jóvenes, de gran talento que murieron en el Fokker algunos años atrás. Hasta ahora se habrán dado cuenta que desde los ojos de mi padre solamente existía la selección nacional en su cabeza; no seguía, no sé porqué, a los clubes de fútbol del país; es más, creo que no le importaba los partidos de futbol local, tengo la impresión que se le prendía la chispa futbolera en su cabeza, cada vez que la selección se disponía a jugar un partido amistoso, de eliminatorias sudamericanas o de Copa América. 

Y si a mi padre poco o nada le importaba el fútbol local, es fácil de deducir que no era hincha, o fanático de algún club en particular. Entonces, de qué manera me hice hincha celeste, qué influyó en mi vida para fanatizar por este equipo de fútbol; además, no tuve tíos, primos, hermanos mayores u otra persona cercana que me haya influido a serlo. Hasta ese momento de mi vida a lo mejor mi padre ya había hecho mucho, que era generar en mi inconsciente esa ruta futbolera, los parámetros neuronales para fanatizar por este deporte y dejar a mi albedrío el poder optar por el club de mis amores, el equipo de mi vida, los colores que pintarían para siempre mi sangre, esa insignia que se tatuaría para siempre en un corazón ávido de adoptar el amor a un club de fútbol. 

No es fácil explicarlo como dije líneas arriba, pero creo haber llegado a una conclusión, queda claro que no fue influencia de mi padre o alguien cercano a mí, no es imposición obviamente, no maliciosa, cosa que es muy natural en el mundo del fútbol, pero mi caso ha sido muy diferente. Es esos años cuando aproximadamente tenía ocho años de edad, empecé a escuchar radio, RPP era la única que se sintonizaba en la sierra de Cutervo donde vivía, y coincidentemente son años en que empezó el repunte del Sporting Cristal en el fútbol peruano y sudamericano, año 1994 empieza la época dorada de la Celeste, logrando el tricampeonato nacional y grandes actuaciones internacionales, de esta manera aumentando considerablemente su porcentaje de hinchas en un país que históricamente se encontraba dominado por los dos clásicos de siempre, doy fe de ser aquel niño que se dejó ilusionar primero y enamorar después y para siempre por el club cervecero gracias a sus glorias conseguidas a nivel nacional y picos de muy alto rendimiento internacional, llegando incluso a jugar la final de la copa libertadores de américa, el torneo más importante de clubes en el año 1997. 

Tanto alcanzó mi admiración que en los próximos meses y años no podía despegarme de la radio, porque mi corazón necesitaba alimentarse de algún  comentario periodístico que hable algo de mis jugadores favoritos, del club de mis amores, nada podía detener este amor que empezó para siempre. Mi vida circulaba alrededor del Sporting Cristal, me sabía de memoria la lista de jugadores: Jorge Soto, Julino, Maestri, Solano, El Chorrillano Palacios, Luis Bonnet, Valerio, Rebosio, Marengo, El Charapa Torres, y otros más. Me imaginaba sus caras, su estatura y otras características físicas gracias a las particularidades que describían los relatores deportivos, dibujaba también en mi mente el estadio San Martín cada vez que escuchaba a la Celeste por RPP, expresaré que años más tarde llegué a conocer ese recinto y debo confesar que no tenía mucha diferencia a cómo lo imaginaba cuando de niño escuchaba la radio: estadio pequeño (15 mil espectadores), con un césped en perfecto estado, pegado al río Rimac, la tribuna sur no estaba habilitada justamente por el río, sin pista atlética, con cerco de seguridad, Etc. 

La voz de Ítalo Villarreal, Dante Mateo y Roberto Zegarra son también parte de mi infancia, son también cómplices de mi fanatismo, son también testigos y Edmundo Samanes y la voz de los comerciales; mis contemporáneos me entenderán,  también fue cupido en esta hermosa historia de amor que de ningún modo acabará. Emilio Laerranderie emitía su comentario deportivo muy acertado todos los días a las 7.40 horas, y ya se imaginarán cuando Cristal ganaba, gustaba y goleaba se deshacía en halagos que a mis oídos eran pedacitos de felicidad para tener un día y una semana hermosa, contrariamente cuando perdía Cristal, muy poco lo escuchaba, porque odiaba las críticas a mi equipo. Se dice que al amor al club de fútbol es eterno, un amor que solo se separa con la muerte y el único amor incondicional, que en mi caso empezó en mi vida primero con el amor al fútbol, para luego elegir irrestrictamente y para siempre la Celeste, el Club Sporting Cristal, el club de mis amores, los colores de mi pasión, el escudo por el que daría mi vida. 

Mi sueño, poder jugar un minuto, solo uno, con el equipo oficial en un partido oficial.


LA MEJOR EXPLICACIÓN DE LA CAUSA GENÉTICA DE LA CALVICIE

  La calvicie, también conocida como alopecia androgénica, es una condición hereditaria que afecta aproximadamente el 50% de los hombres y e...