Levantarse
cinco en punto de la mañana para mí es una hora normal como en todos estos
meses, los días que pasaron y los que vendrán, con frío o con calor, con lluvia
o con cielo despejado y con luna llena, con el canto de los pájaros o con las
picaduras de molestos zancudos de madrugada.
Los días para mí empiezan a esa hora, la estación no condiciona mi amanecer, el verano será seguramente más favorable, y por otro lado el invierno hará más tétrico mi desapego de esas mansas y ardientes mantas, pero es lo que hay, una responsabilidad que va más allá de un horario, una condición climática adversa o una distancia sustancial entre mi domicilio y mi trabajo.
Confesaré que desde hace 8 meses estoy realizando mi desempeño laboral como Licenciado en Enfermería, una profesión de mucha dedicación, de mucha humildad y apoyo al prójimo que siempre está anhelante de ser atendido de la mejor manera, es un arte el hecho de brindar la atención al usuario, es siempre un placer hacerlo para quienes nacimos con esa vocación; pero, les cuento que la mejor parte de esta historia es que mi centro laboral está situado a 38 kilómetros de mi vivienda que se encuentra en Nueva Cajamarca, una distancia considerable que podría ser fuente de cobardía para muchas personas, porque no es tan normal que alguien se tenga que trasladar distancias como estas para realizar su trabajo profesional, en mi caso lo hago con mucho gusto, son 8 meses que llevo ese ritmo de vida madrugador y disciplinado para tratar siempre de llegar temprano al trabajo que específicamente se localiza en la ciudad de Moyobamba- San Martín.
Durante estos 8 meses he tratado de buscar algún tipo de medio que permita trasladarme esta distancia de la manera menos estresante; es así que, con mucho esfuerzo he adquirido un automóvil que me está consintiendo llegar con cierta comodidad y a la hora exacta siempre, antes me trasladaba a un paradero de autos que se encuentra muy lejos de mi domicilio, haciendo engorrosa mi salida todas las mañanas, teniendo en cuenta que mi ingreso es de las 7.00 horas motivaba mi salida de casa más temprano aún, además de otras veces la situación de dejar al azar mi puntualidad por falta de pasajeros en ese vehículo público, y otras veces por condiciones climáticas hacían demorar mi llegada al paradero, debo confesar que ahora con mi propio automóvil dispongo de mayor confort para salir de casa y trasladarme con un mejor escenario de bienestar al trabajo que también ha representado en este estado de emergencia un privilegio insólito, ya que la cancelación de la circulación de servicio público de pasajeros ha generado la locura por poder llegar al centro de trabajo a muchos habitantes, escenario que no me ha preocupado mucho en este tiempo, aunque me ocupo sí, de captar a compañeros de trabajo, a los que pueda, y ayudarlos a transportarse cada vez que concordemos en los turnos programados; eso sí, me dedico también a generar los salvoconductos para poder transitar de manera tranquila de una ciudad a otra, porque todo ha ocurrido de repente, en un abrir y cerrar de ojos, de la noche a la mañana, nadie lo esperaba, no estaba ni en los sueños de los más grandes visionarios las condiciones de vida a la que hemos llegado, llevamos 22 días de distanciamiento social obligatorio impuesto por el gobierno central, 22 días de un parcial cumplimiento en algunos casos, premisa que ha llevado a decretar el domingo 05 de abril la inmovilización general obligatoria, es decir no podrás salir de tu casa por ningún motivo; yo, en mi condición de profesional de la salud y con la documentación solicitada voy a trabajar y tengo que trasladarme en este día.
Día 05 de abril que como siempre me levanto muy temprano y raudamente me apresto a subir al vehículo, arrancar y empezar a conducir la primera calle desierta, el auto empieza a circular suavemente, casi no se escucha el sonido del motor porque va muy lento, yo con la mano derecha al volante y el brazo izquierdo sobre la ventana abierta en su totalidad, se siente el frío de la madrugada, ese aire que ingresa por las dos ventanas delanteras abiertas y que golpea mansamente mi cara y mi brazo que esta hacia afuera, es un día bonito sin lluvia y con un sol que emerge del horizonte hacia el cielo eterno, cruzo la primera avenida y ni una persona, las almas están dormidas, los peruanos están en sus casas por disposición del gobierno, nadie puede salir hoy, nadie puede aproximarse siquiera a la esquina, solo un puñado de peruanos saldrán hoy, y yo soy uno de ellos, seré testigo preferencial de este día donde todos están escondidos, atestiguaré lo que pasa en las calles y en las pistas mientras tu estas encerrado o encerrada, este domingo personas comunes no pueden salir a disfrutar de un fin de semana más.
El coronavirus un ser que per se no es un ser vivo, un ser que es 8 veces más pequeño que una bacteria, una criatura que ha sembrado el terror en todo el mundo y que se ha encargado de ablandar los egos más gigantes, un parásito minúsculo pero con una capacidad de infección gigantesca, el mundo entero en estos momentos está enfrentando una crisis humanitaria tan inmensa como la vivida en la segunda guerra mundial, esta peste que recién comienza no tiene antecedentes y en este milenio de globalización está desnudándonos frente al universo como especie, nosotros que siempre estamos dispuestos a fabricar el arma más novedosa y sofisticada para cada amenaza, hombres que fuimos capaces de caminar en la superficie de la luna, seres de una inteligencia extraordinaria hoy en día nos estamos arrodillando ante esta peste que vino para quedarse. ¿Hasta cuándo será?, ¿Cuándo acabará?, seguramente hasta ser capaces de generar un mecanismo farmacológico de inmunización u otro medicamento de carácter viricida; mientras tanto, durante su estadía lejana o corta en el planeta se llevará a personas que amamos tanto: nuestros padres, hijos, hermanos, personalidades del mundo, maestros, grandes leyendas del deporte y otros.
El camino al trabajo sigue, y mientras conduzco con la radio encendida, escucho las noticias de la mañana, las cifras oficiales crecen cada día, de todo el país aparecen nuevos casos, en regiones donde no había registros, para hoy ya hay, en regiones donde había pocos casos, ahora hay más y donde no habían fallecidos, para hoy las hay. De pronto escucho decir al periodista que de ayer para hoy ha aumentado en más de 500 nuevos casos, ¡guau!, no es normal esta situación, lo mismo pasa con los fallecidos. Días atrás, en Italia y España se leía la muerte de unos cuantos al día a causa de la peste, luego decenas, centenas y finalmente miles en solo 24 horas, acaso en el Perú vamos por ese camino, el destino es desconsolador e indescifrable, acaso estamos a días de leer en las noticias de las cifras de centenares o miles de víctimas cada 24 horas, a este ritmo que vamos que ya no nos sorprenda lo que puede suceder. Cruzar la ciudad desierta, sin ambulantes, sin viajeros, sin empresas de transportes, sin borrachos ocasionales de un domingo por la madrugada, sin mirar mucho me apuro en salir hacia mi destino, el camino está vacío, no hay camiones que me hagan disminuir la velocidad, no veo personas levantando la mano al filo de la pista tratando de viajar a otra provincia, no hay vendedores ambulantes de desayunos, no hay bullicio común. Todo es silencio y apacible. En mi soledad trato de dialogar con mi conciencia, pregunto al universo si es normal vivir así, somos seres aturdidos por el caos, vivimos del ruido, disfrutamos del desorden y no es posible que el mundo de pronto se haya detenido, que todo esté ordenado, que de pronto un repentino insomnio general haya generado un lúgubre adormecimiento este domingo; porque, no es costumbre en mi ciudad y en mi país, no es normal que toda la población se quede en casa, será que nuestro destino hacia la extinción está empezando ahora, que nuestros días están contados, que el juicio final está cerca. Quien sabe.
Este domingo que nos ha tocado vivir no lo olvidaré jamás, sobre todo porque fui un testigo presencial de este episodio inestimable en mi vida, ha sido un día único en la historia, no recuerdo haber vivido un día de soledad peregrina como este, aunque hay que decir que nos falta un domingo más, este día es la primera vez que conduje un automóvil durante 38 kilómetros completamente solo, no se me cruzó otro automóvil, una motocicleta, un camión u otro tipo de vehículo, nada, ni siquiera una camioneta de la policía o el ejército conduje completamente solo, mi coche es el testigo único de este viaje inmortal, yo y mi destino frente a frente, 40 minutos de charla interior de un destape de consciencia, un antes y un después en mi vida, después de este día mi vida no será la misma, después de este viaje, vendrán muchos más, pero como este ninguno. La catarsis que he experimentado hoy me obliga decir que mi mundo ya no será el mismo a partir de ahora, que mis acciones cambiarán para bien, que no veré con los mismos ojos malévolos o no a mis semejantes, que ya no seré el mismo niño que deambulaba por el mundo sin saber que hacer o que no hacer, este 5 de abril, que también es un día que emula el autogolpe de 1992, un día negro para nuestra historia política nacional, pero que en esta oportunidad representará un nuevo amanecer, es la segunda oportunidad que me da la vida para ser un buen ser humano, es el día en que tracé mi nuevo camino, este domingo bendito lo recordaré toda la vida.
Los días para mí empiezan a esa hora, la estación no condiciona mi amanecer, el verano será seguramente más favorable, y por otro lado el invierno hará más tétrico mi desapego de esas mansas y ardientes mantas, pero es lo que hay, una responsabilidad que va más allá de un horario, una condición climática adversa o una distancia sustancial entre mi domicilio y mi trabajo.
Confesaré que desde hace 8 meses estoy realizando mi desempeño laboral como Licenciado en Enfermería, una profesión de mucha dedicación, de mucha humildad y apoyo al prójimo que siempre está anhelante de ser atendido de la mejor manera, es un arte el hecho de brindar la atención al usuario, es siempre un placer hacerlo para quienes nacimos con esa vocación; pero, les cuento que la mejor parte de esta historia es que mi centro laboral está situado a 38 kilómetros de mi vivienda que se encuentra en Nueva Cajamarca, una distancia considerable que podría ser fuente de cobardía para muchas personas, porque no es tan normal que alguien se tenga que trasladar distancias como estas para realizar su trabajo profesional, en mi caso lo hago con mucho gusto, son 8 meses que llevo ese ritmo de vida madrugador y disciplinado para tratar siempre de llegar temprano al trabajo que específicamente se localiza en la ciudad de Moyobamba- San Martín.
Durante estos 8 meses he tratado de buscar algún tipo de medio que permita trasladarme esta distancia de la manera menos estresante; es así que, con mucho esfuerzo he adquirido un automóvil que me está consintiendo llegar con cierta comodidad y a la hora exacta siempre, antes me trasladaba a un paradero de autos que se encuentra muy lejos de mi domicilio, haciendo engorrosa mi salida todas las mañanas, teniendo en cuenta que mi ingreso es de las 7.00 horas motivaba mi salida de casa más temprano aún, además de otras veces la situación de dejar al azar mi puntualidad por falta de pasajeros en ese vehículo público, y otras veces por condiciones climáticas hacían demorar mi llegada al paradero, debo confesar que ahora con mi propio automóvil dispongo de mayor confort para salir de casa y trasladarme con un mejor escenario de bienestar al trabajo que también ha representado en este estado de emergencia un privilegio insólito, ya que la cancelación de la circulación de servicio público de pasajeros ha generado la locura por poder llegar al centro de trabajo a muchos habitantes, escenario que no me ha preocupado mucho en este tiempo, aunque me ocupo sí, de captar a compañeros de trabajo, a los que pueda, y ayudarlos a transportarse cada vez que concordemos en los turnos programados; eso sí, me dedico también a generar los salvoconductos para poder transitar de manera tranquila de una ciudad a otra, porque todo ha ocurrido de repente, en un abrir y cerrar de ojos, de la noche a la mañana, nadie lo esperaba, no estaba ni en los sueños de los más grandes visionarios las condiciones de vida a la que hemos llegado, llevamos 22 días de distanciamiento social obligatorio impuesto por el gobierno central, 22 días de un parcial cumplimiento en algunos casos, premisa que ha llevado a decretar el domingo 05 de abril la inmovilización general obligatoria, es decir no podrás salir de tu casa por ningún motivo; yo, en mi condición de profesional de la salud y con la documentación solicitada voy a trabajar y tengo que trasladarme en este día.
Día 05 de abril que como siempre me levanto muy temprano y raudamente me apresto a subir al vehículo, arrancar y empezar a conducir la primera calle desierta, el auto empieza a circular suavemente, casi no se escucha el sonido del motor porque va muy lento, yo con la mano derecha al volante y el brazo izquierdo sobre la ventana abierta en su totalidad, se siente el frío de la madrugada, ese aire que ingresa por las dos ventanas delanteras abiertas y que golpea mansamente mi cara y mi brazo que esta hacia afuera, es un día bonito sin lluvia y con un sol que emerge del horizonte hacia el cielo eterno, cruzo la primera avenida y ni una persona, las almas están dormidas, los peruanos están en sus casas por disposición del gobierno, nadie puede salir hoy, nadie puede aproximarse siquiera a la esquina, solo un puñado de peruanos saldrán hoy, y yo soy uno de ellos, seré testigo preferencial de este día donde todos están escondidos, atestiguaré lo que pasa en las calles y en las pistas mientras tu estas encerrado o encerrada, este domingo personas comunes no pueden salir a disfrutar de un fin de semana más.
El coronavirus un ser que per se no es un ser vivo, un ser que es 8 veces más pequeño que una bacteria, una criatura que ha sembrado el terror en todo el mundo y que se ha encargado de ablandar los egos más gigantes, un parásito minúsculo pero con una capacidad de infección gigantesca, el mundo entero en estos momentos está enfrentando una crisis humanitaria tan inmensa como la vivida en la segunda guerra mundial, esta peste que recién comienza no tiene antecedentes y en este milenio de globalización está desnudándonos frente al universo como especie, nosotros que siempre estamos dispuestos a fabricar el arma más novedosa y sofisticada para cada amenaza, hombres que fuimos capaces de caminar en la superficie de la luna, seres de una inteligencia extraordinaria hoy en día nos estamos arrodillando ante esta peste que vino para quedarse. ¿Hasta cuándo será?, ¿Cuándo acabará?, seguramente hasta ser capaces de generar un mecanismo farmacológico de inmunización u otro medicamento de carácter viricida; mientras tanto, durante su estadía lejana o corta en el planeta se llevará a personas que amamos tanto: nuestros padres, hijos, hermanos, personalidades del mundo, maestros, grandes leyendas del deporte y otros.
El camino al trabajo sigue, y mientras conduzco con la radio encendida, escucho las noticias de la mañana, las cifras oficiales crecen cada día, de todo el país aparecen nuevos casos, en regiones donde no había registros, para hoy ya hay, en regiones donde había pocos casos, ahora hay más y donde no habían fallecidos, para hoy las hay. De pronto escucho decir al periodista que de ayer para hoy ha aumentado en más de 500 nuevos casos, ¡guau!, no es normal esta situación, lo mismo pasa con los fallecidos. Días atrás, en Italia y España se leía la muerte de unos cuantos al día a causa de la peste, luego decenas, centenas y finalmente miles en solo 24 horas, acaso en el Perú vamos por ese camino, el destino es desconsolador e indescifrable, acaso estamos a días de leer en las noticias de las cifras de centenares o miles de víctimas cada 24 horas, a este ritmo que vamos que ya no nos sorprenda lo que puede suceder. Cruzar la ciudad desierta, sin ambulantes, sin viajeros, sin empresas de transportes, sin borrachos ocasionales de un domingo por la madrugada, sin mirar mucho me apuro en salir hacia mi destino, el camino está vacío, no hay camiones que me hagan disminuir la velocidad, no veo personas levantando la mano al filo de la pista tratando de viajar a otra provincia, no hay vendedores ambulantes de desayunos, no hay bullicio común. Todo es silencio y apacible. En mi soledad trato de dialogar con mi conciencia, pregunto al universo si es normal vivir así, somos seres aturdidos por el caos, vivimos del ruido, disfrutamos del desorden y no es posible que el mundo de pronto se haya detenido, que todo esté ordenado, que de pronto un repentino insomnio general haya generado un lúgubre adormecimiento este domingo; porque, no es costumbre en mi ciudad y en mi país, no es normal que toda la población se quede en casa, será que nuestro destino hacia la extinción está empezando ahora, que nuestros días están contados, que el juicio final está cerca. Quien sabe.
Este domingo que nos ha tocado vivir no lo olvidaré jamás, sobre todo porque fui un testigo presencial de este episodio inestimable en mi vida, ha sido un día único en la historia, no recuerdo haber vivido un día de soledad peregrina como este, aunque hay que decir que nos falta un domingo más, este día es la primera vez que conduje un automóvil durante 38 kilómetros completamente solo, no se me cruzó otro automóvil, una motocicleta, un camión u otro tipo de vehículo, nada, ni siquiera una camioneta de la policía o el ejército conduje completamente solo, mi coche es el testigo único de este viaje inmortal, yo y mi destino frente a frente, 40 minutos de charla interior de un destape de consciencia, un antes y un después en mi vida, después de este día mi vida no será la misma, después de este viaje, vendrán muchos más, pero como este ninguno. La catarsis que he experimentado hoy me obliga decir que mi mundo ya no será el mismo a partir de ahora, que mis acciones cambiarán para bien, que no veré con los mismos ojos malévolos o no a mis semejantes, que ya no seré el mismo niño que deambulaba por el mundo sin saber que hacer o que no hacer, este 5 de abril, que también es un día que emula el autogolpe de 1992, un día negro para nuestra historia política nacional, pero que en esta oportunidad representará un nuevo amanecer, es la segunda oportunidad que me da la vida para ser un buen ser humano, es el día en que tracé mi nuevo camino, este domingo bendito lo recordaré toda la vida.

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