sábado, 25 de abril de 2020

Falsa Alarma



DAMEL VARGAS  INGA


Era un 24 de diciembre del 2019, vísperas de la navidad, todo el mundo se prepara para recibir la noche buena. Las familias se alistan para ir de compras, los preparativos en esta parte oriental del Perú para estas fechas festivas suelen ser a base de pavo, chancho, gallina, cuy, panetón, buñuelos, miel, quesillo y otros apetitivos para una noche familiar, aparte claro de algunos licores para brindar. Jorge y Paula se preparan para pasar su primera cena navideña en la selva peruana, ellos viven en una comunidad de la provincia de Rioja llamada, La Victoria, perteneciente al distrito de Nueva Cajamarca, Jorge Seminario es nativo de la región Cajamarca, Chota más específicamente mientras que Paula Urrutia viene de la provincia de Bongará, Amazonas.
Esta cena navideña para esta pareja de concubinos tiene un detalle que no es menor, Paula tiene 40 semanas y 5 días de gestación de su primer hijo, y la fecha probable de parto, según la última ecografía, es el 25 de diciembre, razón más que suficiente para estar nerviosos y alarmados este día. Pero como no ha habido ningún signo y síntoma que pueda preocupar a estos padres novatos deciden planear sin mediar más detalles la cena navideña, se levantan muy temprano y decidieron comprar un gallo del mercado del lugar para hacer el preparativo, aparte de los demás ingredientes de tan suculenta comida claro, además decidieron invitar a sus hermanos de Paula que vendrán en la tarde para cenar, ellos viven en una comunidad cercana llamada San Fernando, se dedican a la siembra del arroz y al negocio de la construcción.
La pareja acude al mercado local a escoger un gallo promedio para ser preparado al horno, uno de 6 kilos es suficiente dice Paula para sosegar el apetito de todos los invitados, Paula es chef de profesión así que la opinión de Jorge no es tan importante al momento de calcular raciones de comida y otras opiniones culinarias. Compran el gallo, las especias para prepararlo y demás ingredientes de cocina que se necesitará en el día. Los jóvenes regresan a su hogar aproximadamente a las 8 de la mañana, preparan un desayuno rápido y comen juntos como siempre, en seguida Paula se dispone a sacrificar al gallo y condimentarlo para que tome contacto con la carne hasta la tarde, momento en que será hornado.
Aproximadamente a las 9.30 de la mañana cuando Paula estaba lavando sus utensilios de cocina, de pronto siente un dolor agudo en el bajo vientre, como es natural se apoya con la mano izquierda en el lavabo y con la otra recoge su enorme barriga, se pone en cuclillas y avisa de pronto a Jorge quien de reojo observa la escena, porque se encontraba viento la televisión en la sala, se percata y salta para recoger en brazos a su tierna doncella, lo auxilia y cual bastón la lleva al dormitorio, más allá del susto esperan un momento para comprobar que se tratara de un dolor de parto, es decir, si se intensifica o disminuye con el paso de los minutos. Habrían pasado 10 minutos y Paula está segura que el dolor se está incrementando, Jorge se desespera, son padres primerizos y no saben qué hacer en ese momento más allá de que con anticipación habían hecho un plan de actuación en caso ocurriese lo inevitable.
Estos padres primerizos habían elaborado una “guía de actuación ante el proceso de parto de Paula-2019”.
El paso a seguir según su “guía de actuación ante el proceso de parto de Paula-2019” era conseguir una movilidad para trasladar a la paciente al Hospital EsSalud Moyobamba, y como el dolor no mermaba; más bien, a juicio de Paula, este aumentaba, Jorge acudió rápidamente al terminal de autos y contrató uno para trasladar a su dulce Paula exclusivamente al Hospital, llegó al domicilio y encontró a su mujer retorciéndose de dolor, sin verificar los avances de los preparativos de la cena y dejando todos lo avanzado hasta el momento tal como estaba, se dispuso a ayudarla a subir al automóvil para enrumbar lo más rápido al sanatorio que se encuentra a unos 45 minutos aproximadamente.
El primer paso de la “guía de actuación ante el proceso de parto de Paula-2019”. Cumplido.
Paula y Jorge se conocieron en Lima, ambos eran estudiantes en aquella época, Jorge Ingeniaría y Paula Chef, por allá por el 2014 fue cuando decidieron estabilizar su vida y ser una sola de ahí en adelante, desde el 2017 conviven y desde aquella época dejaron de usar anticonceptivos para procrear un hijo que significase el regalo más grande que pudieran recibir como fruto del amor de estos tortolos, es así que para fines del mes de abril del 2019, justo cuando Jorge había conseguido un importante trabajo en una empresa constructora en la región San Martín, Paula experimenta un inusitado retraso menstrual, el cual a la prueba rápida resulta positivo, confirmándose sus grandes sospechas con la ecografía, que en efecto, 6 semanas de gestación tenía, fue tan inmensa la alegría tras la noticia para los dos, que Paula decidió dejar un importante trabajo que tenía en la ciudad de Lima y viajar de inmediato junto a su amado a una lejana comunidad de la provincia de Rioja, La Victoria, y además por falta de medios económicos para viajar por aire, tuvieron que pasar un largo viaje de 27 horas en bus, Paula presentaba ya los síntomas del embarazo y el largo viaje causó estragos en su aspecto, gracias a la divina providencia pudieron llegar bien e iniciar una nueva vida juntos en esta provincia remota.
Ya con el automóvil en la puerta de la casa, y en solo segundos, Jorge cargó en brazos a Paula y la subió, aseguró con llave la casa y partieron hacia Moyobamba, él mimaba con ternura la barriga de Paula, la acariciaba, la besaba tratando de disminuir el dolor, Paula sentía que el dolor cada vez era mas intenso. Por suerte entre Nueva Cajamarca y Moyobamba el tráfico en muy fluido y en unos 35 minutos ya estaban en la puerta de emergencia del Hospital, rápidamente pagaron el costo del traslado y con el bolso de parto que con antelación ya habían tenido listo y preparado ingresaron.
De inmediato Jorge trató de explicar la situación, pidieron la identificación de rigor de la asegurada y la hicieron pasar a una camilla del tópico de emergencia, un joven médico se hizo presente para atender a Paula en primera instancia, Jorge no se separaba de su lado hasta que el médico con guante en mano hizo un control de dilatación, para sorpresa de los dos el médico les dijo que no había siquiera signos evidentes e iniciales de proceso de parto; es decir, el dolor intenso que sentía era de otra etiología, que lo mas probable se trataba de una infección urinaria, solamente extendió una orden que Jorge interpretó en seguida, se trataba de un examen de orina que tenía que realizarse de inmediato. Se realizó la toma de muestra en el mismo tópico de emergencia para luego ser trasladada a ser hospitalizada en el servicio de ginecobstetricia, la canalizaron y aplicaron analgésicos para disminuir el dolor.
En aproximadamente media hora, cuando Paula había empezado a sentir mejoría fue que llegaron los resultados de laboratorio, efectivamente se confirmaba una infección urinaria y se tenía que empezar a aplicar antibióticos ese mismo día, aparte por orden del ginecólogo Paula se tenía que internar los 5 días que dura el tratamiento, Jorge no estaba de acuerdo al principio, porque según argumentó podía tranquilamente llevar ese tratamiento en casa, la navidad también era una excusa, pero el médico adujo que por la lejanía del domicilio no era aconsejable llevar a Paula, aparte de que podía en cualquier momento iniciar su proceso de parto y el estrés sería mas matador para ella el hecho de ser trasladada de un lugar a otro.
Jorge comprendió que esa navidad lo tenía que pasar solo, lejos de su amada, sin la deliciosa cena navideña, sin los invitados. Pero sobre todo angustiado.

martes, 14 de abril de 2020

Comí del fruto prohibido



DAMEL VARGAS INGA

Por alguna razón, mi familia, y me refiero a la mas cercana, mi padre y mi madre, nos acercaron mucho a sus padres, es decir a mis abuelos. Muchísimo diría, a mis abuelos paternos sobre todo, más que a los maternos; la razón, la cercanía de su vivienda con la nuestra. Digamos que mis abuelos paternos viven a 10 minutos, mientras que los otros viven a 4 horas de camino, desde luego no es mezquino decir que adoro a mis 4 abuelos. 

Mis abuelos paternos desde que éramos muy pequeños eran cuidadores temporales de nosotros, mis padres por distintas razones, nos encargaban por momentos y algunas veces por días. Mis abuelos a diferencia de mamá y papá son menos estrictos con nosotros, menos impacientes y más complacientes. Razón, creo yo, para tener un apego que ha durado hasta ahora, 30 años más tarde. A mi abuelo le decíamos y le decimos papá y a mi abuela mamá.

Los dos abuelos son muy bondadosos con nosotros, somos nietos muy mimados, nos sentimos queridos y amados. Mi hermana y yo siempre nos quedamos en casa de ellos, nos encanta estar cerca de ellos ya que nos tratan como a unos muñecos, nos atienden como a nadie, nos hacen sentir únicos y eso nos encanta, los abuelos son católicos y nos inculcan los principios cristianos todos los días, siempre hacen rosarios en los que participamos muy seguido y de manera activa, mi abuela está segura que mi hermana será una “rosariera” en un futuro como su abuelo porque tiene muy buena voz para rezar los misterios. 

Tenemos la dicha de haber nacido en una familia que desde el tronco se han construido bases morales muy sólidas, aunque debo afirmar que mi abuelo y mi abuela son totalmente distintos, mi abuelo es un caballero a carta cabal, un hombre intachable y ejemplo para la familia y la población, un tipo incapaz de decir una palabra soez, un tipo muy inteligente. 

A pesar de haber tenido educación solo hasta el segundo grado de primaria, es un tipo que lee y entiende lo que lee correctamente. Un ser humano calmado, escuchaba mucho a su interlocutor, un creyente en Dios, un tipo con una autoridad moral consolidada para opinar dentro de la familia y la comunidad. Una garantía. Un señor de señores, galante siempre, en fin; creo esta vez, o sobran los adjetivos justificados para describirlo, o es que no los encuentro. Un señor que ha marcado mi vida, un personaje que estalla mi mente a cada momento del día, lo recuerdo mucho a pesar de la distancia, un tipo que pasa por tu cabeza y cavilas: no estoy haciendo bien las cosas, o las estoy haciendo bien, pero podría hacerlo mejor, o debo cambiar de estrategia para cumplir con mis objetivos. 

Y por otro lado mi abuela, que debo decir es el “complemento perfecto” para él, es el anillo al dedo, la media naranja, su otra mitad, la compañera de toda la vida. Mi abuela tiene un carácter totalmente distinto a mi abuelo, por eso lo de “el complemento perfecto”, tiene un carácter más arrebatado diría, o atrevido si cabe el caso, una mujer de armas tomar que a diferencia de mi abuelo es capaz de estallar en guerra si se encuentra en una situación apremiante, o ante alguna amenaza a su persona, o a su familia, ella siempre está preocupada por el bienestar moral de sus hijos, nueras y nietos, muy interesada en la educación tanto cívica como religiosa, del comportamiento de uno en la comunidad, una mujer siempre con la mirada hacia afuera, siempre tratando de cuidar la imagen de la familia ante la sociedad, procurando en los suyos siempre como resultado el éxito personal y profesional, una vez más cumpliéndose lo de “el complemento perfecto”. 

Mientras mi abuelo es el artífice y arquitecto de los principios morales y espirituales al interior de la familia, mi abuela controla la administración de recursos humanos, si cabe el término, con fines promocionales, si existe el “merchandising” familiar dentro de la comunidad. Mi abuelo es ese paradigma viviente dentro de la familia y mi abuela es la autoridad que te abre los ojos para hacerte ver en él ese ejemplo de bien, ese prototipo de lo que es correcto e imagen de bondad, esa pareja que alguna vez se llegaron a enamorar, muy jóvenes ellos y hace muchos años, que desde una provincia remota empezaron a construir una familia y una nueva comunidad entre montañas vírgenes en los confines de la lejana Cajamarca.

Muchos recuerdos tengo con mis abuelos, mi abuela es una mujer que no escatima detalles en casa, es muy cuidadosa de sus cosas, y el cuidado por sus nietos es único, cuidaba mucho de mi salud. Por ejemplo para ella es un quebrantamiento a las leyes de sanidad en el hogar el hecho de comerse plátanos “maduros” sin cocinar en el invierno, porque supuestamente consumidos fríos, como está la fruta, producían unos cólicos que hacían retorcer de dolor a los escuincles; en mi caso, y fiel al desacato, recuerdo haberme comido un plátano sin su consentimiento, y en invierno, en una época de lluvia tremenda. La banana me lo ingerí escondido obviamente, sin que ella se diese cuenta, recuerdo haber disfrutado como nunca de esa fruta en un rincón de la casa, sin que ella me vea; seguramente, y no lo recuerdo muy bien ahora, pero supongo que tenía mucha hambre en ese momento, mi inocencia de niño me había convencido que la abuela no se iba a dar cuenta, estaba seguro de haber realizado el crimen perfecto, de haber burlado la máxima seguridad en el hogar sin que la sigilosa abuela me hubiera rastreado en absoluto. 

Después de consumir el suculento banano “maduro” y en el frenético invierno, recuerdo hasta ahora, y muy claramente haber obviado una actividad clave para que la abuela no me pillase, al parecer no me limpié la boca, o más claro, alrededor de ella; ya que, justamente al caminar lentamente por su costado, me apuntó con su mirada y me exclamó: ¿y no me vas a invitar? ¡a pesar que me has guardado! ¡mi hijito piensa en mí! ¡nunca come solo! Avergonzado asentí mi rostro hacia abajo, porque no me quedaba de otra, y con mis pequeñas manos; pequeñas, porque era un niño de no más de 4 años, me toqué la cara de culpa que ya llevaba, y ese es el momento que pude comprobar restos de plátano “maduro” cerca a mis labios, y lo peor, que lo había consumido en invierno, exponiéndome a un espasmo seguro, a unos dolores intestinales agudos por la noche. 

No recuerdo si tuve esos padecimientos nocturnos en mi barriga, pero lo que sí estoy seguro es que la abuela me vio comiendo mi plátano “maduro” escondido en algún lugar de la casa, y no fueron los restos de esa delicia prohibida en mi boca los que me delataron, obviamente ella evitó el cruce intempestivo y en el acto, ya que me quería mucho y a lo mejor pensaba que sería muy vergonzoso para su nieto querido encontrarse en una situación de insolencia frente a su estricta abuela. No recuerdo muy bien, pero tuve un llamado de atención que como siempre fue de la manera más cariñosa posible quedándome con un aprendizaje de valor para toda la vida, podría asegurar que la abuela lo hubiese asado o sancochado ese banano “maduro” si le hubiera pedido, seguramente si comunicaba a tiempo sobre la necesidad de comida que sentía en ese momento, ella me habría ofrecido alguna alternativa a ese frío apetitivo; pero yo no, mis prejuicios pudieron más, el hecho de comer el fruto prohibido a escondidas y sin que nadie me pille me ganó, mi arrebato por la desobediencia pudo más y mi inocencia de niño me llevó a tener una experiencia con mi dulce abuela que siempre recordaré.

lunes, 6 de abril de 2020

Testigo del Coronavirus

DAMEL VARGAS INGA


Levantarse cinco en punto de la mañana para mí es una hora normal como en todos estos meses, los días que pasaron y los que vendrán, con frío o con calor, con lluvia o con cielo despejado y con luna llena, con el canto de los pájaros o con las picaduras de molestos zancudos de madrugada. 

Los días para mí empiezan a esa hora, la estación no condiciona mi amanecer, el verano será seguramente más favorable, y por otro lado el invierno hará más tétrico mi desapego de esas mansas y ardientes mantas, pero es lo que hay, una responsabilidad que va más allá de un horario, una condición climática adversa o una distancia sustancial entre mi domicilio y mi trabajo. 

Confesaré que desde hace 8 meses estoy realizando mi desempeño laboral como Licenciado en Enfermería, una profesión de mucha dedicación, de mucha humildad y apoyo al prójimo que siempre está anhelante de ser atendido de la mejor manera, es un arte el hecho de brindar la atención al usuario, es siempre un placer hacerlo para quienes nacimos con esa vocación; pero, les cuento que la mejor parte de esta historia es que mi centro laboral está situado a 38 kilómetros de mi vivienda que se encuentra en Nueva Cajamarca, una distancia considerable que podría ser fuente de cobardía para muchas personas, porque no es tan normal que alguien se tenga que trasladar distancias como estas para realizar su trabajo profesional, en mi caso lo hago con mucho gusto, son 8 meses que llevo ese ritmo de vida madrugador y disciplinado para tratar siempre de llegar temprano al trabajo que específicamente se localiza en la ciudad de Moyobamba- San Martín. 

Durante estos 8 meses he tratado de buscar algún tipo de medio que permita trasladarme esta distancia de la manera menos estresante; es así que, con mucho esfuerzo he adquirido un automóvil que me está consintiendo llegar con cierta comodidad y a la hora exacta siempre, antes me trasladaba a un paradero de autos que se encuentra muy lejos de mi domicilio, haciendo engorrosa mi salida todas las mañanas, teniendo en cuenta que mi ingreso es de las 7.00 horas motivaba mi salida de casa más temprano aún, además de otras veces la situación de dejar al azar mi puntualidad por falta de pasajeros en ese vehículo público, y otras veces por condiciones climáticas hacían demorar mi llegada al paradero, debo confesar que ahora con mi propio automóvil dispongo de mayor confort para salir de casa y trasladarme con un mejor escenario de bienestar al trabajo que también ha representado en este estado de emergencia un privilegio insólito, ya que la cancelación de la circulación de servicio público de pasajeros ha generado la locura por poder llegar al centro de trabajo a muchos habitantes, escenario que no me ha preocupado mucho en este tiempo, aunque me ocupo sí, de captar a compañeros de trabajo, a los que pueda, y ayudarlos a transportarse cada vez que concordemos en los turnos programados; eso sí, me dedico también a generar los salvoconductos para poder transitar de manera tranquila de una ciudad a otra, porque todo ha ocurrido de repente, en un abrir y cerrar de ojos, de la noche a la mañana, nadie lo esperaba, no estaba ni en los sueños de los más grandes visionarios las condiciones de vida a la que hemos llegado, llevamos 22 días de distanciamiento social obligatorio impuesto por el gobierno central, 22 días de un parcial cumplimiento en algunos casos, premisa que ha llevado a decretar el domingo 05 de abril la inmovilización general obligatoria, es decir no podrás salir de tu casa por ningún motivo; yo, en mi condición de profesional de la salud y con la documentación solicitada voy a trabajar y tengo que trasladarme en este día.

Día 05 de abril que como siempre me levanto muy temprano y raudamente me apresto a subir al vehículo, arrancar y empezar a conducir la primera calle desierta, el auto empieza a circular suavemente, casi no se escucha el sonido del motor porque va muy lento, yo con la mano derecha al volante y el brazo izquierdo sobre la ventana abierta en su totalidad, se siente el frío de la madrugada, ese aire que ingresa por las dos ventanas delanteras abiertas y que golpea mansamente mi cara y mi brazo que esta hacia afuera, es un día bonito sin lluvia y con un sol que emerge del horizonte hacia el cielo eterno, cruzo la primera avenida y ni una persona, las almas están dormidas, los peruanos están en sus casas por disposición del gobierno, nadie puede salir hoy, nadie puede aproximarse siquiera a la esquina, solo un puñado de peruanos saldrán hoy, y yo soy uno de ellos, seré testigo preferencial de este día donde todos están escondidos, atestiguaré lo que pasa en las calles y en las pistas mientras tu estas encerrado o encerrada, este domingo personas comunes no pueden salir a disfrutar de un fin de semana más. 

El coronavirus un ser que per se no es un ser vivo, un ser que es 8 veces más pequeño que una bacteria, una criatura que ha sembrado el terror en todo el mundo y que se ha encargado de ablandar los egos más gigantes, un parásito minúsculo pero con una capacidad de infección gigantesca, el mundo entero en estos momentos está enfrentando una crisis humanitaria tan inmensa como la vivida en la segunda guerra mundial, esta peste que recién comienza no tiene antecedentes y en este milenio de globalización está desnudándonos frente al universo como especie, nosotros que siempre estamos dispuestos a fabricar el arma más novedosa y sofisticada para cada amenaza, hombres que fuimos capaces de caminar en la superficie de la luna, seres de una inteligencia extraordinaria hoy en día nos estamos arrodillando ante esta peste que vino para quedarse. ¿Hasta cuándo será?, ¿Cuándo acabará?, seguramente hasta ser capaces de generar un mecanismo farmacológico de inmunización u otro medicamento de carácter viricida; mientras tanto, durante su estadía lejana o corta en el planeta se llevará a personas que amamos tanto: nuestros padres, hijos, hermanos, personalidades del mundo, maestros, grandes leyendas del deporte y otros. 

El camino al trabajo sigue, y mientras conduzco con la radio encendida, escucho las noticias de la mañana, las cifras oficiales crecen cada día, de todo el país aparecen nuevos casos, en regiones donde no había registros, para hoy ya hay, en regiones donde había pocos casos, ahora hay más y donde no habían fallecidos, para hoy las hay. De pronto escucho decir al periodista que de ayer para hoy ha aumentado en más de 500 nuevos casos, ¡guau!, no es normal esta situación, lo mismo pasa con los fallecidos. Días atrás, en Italia y España se leía la muerte de unos cuantos al día a causa de la peste, luego decenas, centenas y finalmente miles en solo 24 horas, acaso en el Perú vamos por ese camino, el destino es desconsolador e indescifrable, acaso estamos a días de leer en las noticias de las cifras de centenares o miles de víctimas cada 24 horas, a este ritmo que vamos que ya no nos sorprenda lo que puede suceder. Cruzar la ciudad desierta, sin ambulantes, sin viajeros, sin empresas de transportes, sin borrachos ocasionales de un domingo por la madrugada, sin mirar mucho me apuro en salir hacia mi destino, el camino está vacío, no hay camiones que me hagan disminuir la velocidad, no veo personas levantando la mano al filo de la pista tratando de viajar a otra provincia, no hay vendedores ambulantes de desayunos, no hay bullicio común. Todo es silencio y apacible. En mi soledad trato de dialogar con mi conciencia, pregunto al universo si es normal vivir así, somos seres aturdidos por el caos, vivimos del ruido, disfrutamos del desorden y no es posible que el mundo de pronto se haya detenido, que todo esté ordenado, que de pronto un repentino insomnio general haya generado un lúgubre adormecimiento este domingo; porque,  no es costumbre en mi ciudad y en mi país, no es normal que toda la población se quede en casa, será que nuestro destino hacia la extinción está empezando ahora, que nuestros días están contados, que el juicio final está cerca. Quien sabe. 

Este domingo que nos ha tocado vivir no lo olvidaré jamás, sobre todo porque fui un testigo presencial de este episodio inestimable en mi vida, ha sido un día único en la historia, no recuerdo haber vivido un día de soledad peregrina como este, aunque hay que decir que nos falta un domingo más,  este día es la primera vez que conduje un automóvil durante 38 kilómetros completamente solo, no se me cruzó otro automóvil, una motocicleta, un camión u otro tipo de vehículo, nada, ni siquiera una camioneta de la policía o el ejército conduje completamente solo, mi coche es el testigo único de este viaje inmortal, yo y mi destino frente a frente, 40 minutos de charla interior de un destape de consciencia, un antes y un después en mi vida, después de este día mi vida no será la misma, después de este viaje, vendrán muchos más, pero como este ninguno. La catarsis que he experimentado hoy me obliga decir que mi mundo ya no será el mismo a partir de ahora, que mis acciones cambiarán para bien, que no veré con los mismos ojos malévolos o no a mis semejantes, que ya no seré el mismo niño que deambulaba por el mundo sin saber que hacer o que no hacer, este 5 de abril, que también es un día que emula el autogolpe de 1992, un día negro para nuestra historia política nacional, pero que en esta oportunidad representará un nuevo amanecer, es la segunda oportunidad que me da la vida para ser un buen ser humano, es el día en que tracé mi nuevo camino, este domingo bendito lo recordaré toda la vida.



LA MEJOR EXPLICACIÓN DE LA CAUSA GENÉTICA DE LA CALVICIE

  La calvicie, también conocida como alopecia androgénica, es una condición hereditaria que afecta aproximadamente el 50% de los hombres y e...