viernes, 20 de marzo de 2020

El Wembley Debajo el Puente

DAMEL VARGAS INGA




Siempre hay razones para hacerlo pero muchas veces no se encuentran las palabras para escribir lo que le sucede a un hombre cuando “se hace hincha”, “se enamora” o “se fanatiza” de un equipo de fútbol, este es mi relato acerca de mi afición descontrolada por el Club Sporting Cristal.

Hay muchas personas que empiezan a amar a un equipo de fútbol por herencia (o por imposición): como el padre es hincha de tal equipo, el hijo también lo será, o si el abuelo o si el hermano mayor o si el tío, Etc. mi caso no tiene nada que ver con tales o cuales supuestos, ya lo entenderán. Las luces de recuerdo que tengo acerca de mi infancia empiezan desde aproximadamente los cuatro años de edad, recuerdos someros y reticentes, pero recuerdos al fin; recuerdos difusos, efímeros y poco claros, chispazos de imágenes que aún quedan en mi mente frágil de aquel entonces. 

La mayoría de luces de recuerdos que poseo es con mis padres, quizá siempre en relación con la comida en familia, con el dormitorio, con alguna reunión social y algunas situaciones más a lo mejor con mis hermanos, teniendo en cuenta que a esa edad tenía hermanos mayores y menores: hermana mayor y hermano menor. En fin, se dice que existen personas que son capaces de recordar situaciones infantiles de edades menores a la expuesta por mí, es normal. Si heredo la pasión por el fútbol a algún familiar, debo decir que es a mi padre, él es contemporáneo a muchos futbolistas gloriosos que brindaron las mayores glorias al fútbol peruano, vivió en persona la clasificación de la selección al mundial de fútbol México 1970, Argentina 1978 y España 1982. 

Mi padre se sabe de memoria todos los jugadores de la selección, hasta los suplentes los recuerda hasta ahora, el Perú era potencia mundial en ese entonces, competía con las grandes selecciones del mundo como lo eran en ese entonces Italia, Brasil, Alemania, Francia e Inglaterra; es más, se dice que en Sudamérica las mejores selecciones eran el Brasil de Pelé y el Perú de Cubillas. Obviamente el Perú de Cubillas estaba acompañada de grandes jugadores como Sotil, Oblitas, Velasquez, Gallardo y muchos cracks de talla mundial, y más adelante para la última clasificación de esa generación emerge un jugador de un talento extraordinario, como es Julio César Uribe, jugador clave para la clasificación a España 1982. Bueno no me adentro más en contar la época de gloria auditiva que vivió mi padre porque se podría extender mucho, digo, gloria auditiva porque mi padre vivió en un lugar donde solamente se escuchaba radio, la televisión llegó mucho después; es más, confesaré que la primera vez que yo vi un partido de futbol por televisión fue a los ocho años, fue la final del Mundial de Fútbol Estados Unidos 1994. En fin, recuerdo a mi padre escuchar partidos de las eliminatorias para el mundial 1994, cuando la selección ya no era la poderosa de antaño, con mucha nostalgia se dedicaba a recordar a esos grandes jugadores que ya no estaban más, que se retiraron del futbol y lamentablemente nuestro sistema no pudo generar ese recambio generacional, como también recordaba a los jugadores jóvenes, de gran talento que murieron en el Fokker algunos años atrás. Hasta ahora se habrán dado cuenta que desde los ojos de mi padre solamente existía la selección nacional en su cabeza; no seguía, no sé porqué, a los clubes de fútbol del país; es más, creo que no le importaba los partidos de futbol local, tengo la impresión que se le prendía la chispa futbolera en su cabeza, cada vez que la selección se disponía a jugar un partido amistoso, de eliminatorias sudamericanas o de Copa América. 

Y si a mi padre poco o nada le importaba el fútbol local, es fácil de deducir que no era hincha, o fanático de algún club en particular. Entonces, de qué manera me hice hincha celeste, qué influyó en mi vida para fanatizar por este equipo de fútbol; además, no tuve tíos, primos, hermanos mayores u otra persona cercana que me haya influido a serlo. Hasta ese momento de mi vida a lo mejor mi padre ya había hecho mucho, que era generar en mi inconsciente esa ruta futbolera, los parámetros neuronales para fanatizar por este deporte y dejar a mi albedrío el poder optar por el club de mis amores, el equipo de mi vida, los colores que pintarían para siempre mi sangre, esa insignia que se tatuaría para siempre en un corazón ávido de adoptar el amor a un club de fútbol. 

No es fácil explicarlo como dije líneas arriba, pero creo haber llegado a una conclusión, queda claro que no fue influencia de mi padre o alguien cercano a mí, no es imposición obviamente, no maliciosa, cosa que es muy natural en el mundo del fútbol, pero mi caso ha sido muy diferente. Es esos años cuando aproximadamente tenía ocho años de edad, empecé a escuchar radio, RPP era la única que se sintonizaba en la sierra de Cutervo donde vivía, y coincidentemente son años en que empezó el repunte del Sporting Cristal en el fútbol peruano y sudamericano, año 1994 empieza la época dorada de la Celeste, logrando el tricampeonato nacional y grandes actuaciones internacionales, de esta manera aumentando considerablemente su porcentaje de hinchas en un país que históricamente se encontraba dominado por los dos clásicos de siempre, doy fe de ser aquel niño que se dejó ilusionar primero y enamorar después y para siempre por el club cervecero gracias a sus glorias conseguidas a nivel nacional y picos de muy alto rendimiento internacional, llegando incluso a jugar la final de la copa libertadores de américa, el torneo más importante de clubes en el año 1997. 

Tanto alcanzó mi admiración que en los próximos meses y años no podía despegarme de la radio, porque mi corazón necesitaba alimentarse de algún  comentario periodístico que hable algo de mis jugadores favoritos, del club de mis amores, nada podía detener este amor que empezó para siempre. Mi vida circulaba alrededor del Sporting Cristal, me sabía de memoria la lista de jugadores: Jorge Soto, Julino, Maestri, Solano, El Chorrillano Palacios, Luis Bonnet, Valerio, Rebosio, Marengo, El Charapa Torres, y otros más. Me imaginaba sus caras, su estatura y otras características físicas gracias a las particularidades que describían los relatores deportivos, dibujaba también en mi mente el estadio San Martín cada vez que escuchaba a la Celeste por RPP, expresaré que años más tarde llegué a conocer ese recinto y debo confesar que no tenía mucha diferencia a cómo lo imaginaba cuando de niño escuchaba la radio: estadio pequeño (15 mil espectadores), con un césped en perfecto estado, pegado al río Rimac, la tribuna sur no estaba habilitada justamente por el río, sin pista atlética, con cerco de seguridad, Etc. 

La voz de Ítalo Villarreal, Dante Mateo y Roberto Zegarra son también parte de mi infancia, son también cómplices de mi fanatismo, son también testigos y Edmundo Samanes y la voz de los comerciales; mis contemporáneos me entenderán,  también fue cupido en esta hermosa historia de amor que de ningún modo acabará. Emilio Laerranderie emitía su comentario deportivo muy acertado todos los días a las 7.40 horas, y ya se imaginarán cuando Cristal ganaba, gustaba y goleaba se deshacía en halagos que a mis oídos eran pedacitos de felicidad para tener un día y una semana hermosa, contrariamente cuando perdía Cristal, muy poco lo escuchaba, porque odiaba las críticas a mi equipo. Se dice que al amor al club de fútbol es eterno, un amor que solo se separa con la muerte y el único amor incondicional, que en mi caso empezó en mi vida primero con el amor al fútbol, para luego elegir irrestrictamente y para siempre la Celeste, el Club Sporting Cristal, el club de mis amores, los colores de mi pasión, el escudo por el que daría mi vida. 

Mi sueño, poder jugar un minuto, solo uno, con el equipo oficial en un partido oficial.


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