viernes, 19 de junio de 2020

Día de gloria (parte 1 de 2)



DAMEL VARGAS 
Recuerdo un viaje con mis compañeros de colegio al centro poblado Panamá de Pimpingos, nos tocó en esta oportunidad visitar al Colegio Mariano Melgar, un colegio secundario con una cantidad regular de alumnos −supongo que no pasaba de 100−, era el rival a vencer en sendas definiciones de ida y vuelta para pasar a la siguiente etapa de las olimpiadas escolares. Para llegar a Panamá no era una ruta fácil, teníamos que caminar entre las montañas cerca de 4 horas por un camino de herradura que se nos presentaba con diferente nivel de dificultad dependiendo a la localidad: a la salida del distrito era arenoso y con piedras falsas, a mitad de camino entre pedregales y barro; y al final largas travesías secas y calurosas. Una ruta pesada para llegar y enfrentar en diferentes disciplinas al combinado panameño: vóley, fútbol, carrera de cien metros libres, carrera de postas, salto alto, salto largo, Etc. −obviamente el plato fuerte de las competiciones, era el partido de fútbol masculino−, el vóley también generaba una expectativa particular entre las barras de ambos colegios, pero como es habitual en nuestro país, el fútbol lleva la delantera.

El Manuel Gonzáles Prada versus el Mariano Melgar se medían fuerzas ese jueves del mes de junio del 2001.

Para llegar a Panamá desde Pimpingos, teníamos que pasar por un camino muy extenso y accidentado, iniciando con una pendiente hasta la quebrada llamada  la tacshana, luego una subida muy empinada por un camino de superficie muy falsa, fácilmente te podías resbalar hasta incluso caer por la arena del camino, una cuesta temible, muy desgastante, hasta llegar a la cima de esta montaña, sitio denominado el derrumbo, −a media subida, podías tomarte un rico sorbo de agua, directamente de una naciente, debajo de una enorme piedra−, seguíamos por una travesía larga, muy larga pasando por shanlla, cruce de Michino, el guayabo y la piedra agachada que nos llevaba hasta la fila de San Lorenzo, lugar que era como la cima de un enorme cerro, que dejaba ver debajo el enorme valle de San Lorenzo y al frente –al otro cerro− visualizabas el poblado de Panamá y El Anís.

Desde esta cumbre tenías una vista espectacular de toda esta parte del basto distrito de Pimpingos, un paisaje verde, con un fondo lleno de árboles frutales de la infinidad de chacras en toda esa extensión, se podía ver las lagunas de chupadero, la quebrada del mismo nombre, los cañaverales de San Lorenzo, los cafetales de balzal; incluso se podía visualizar el distrito de la Sacilia bien al fondo. Finalmente, y de color azul −por la distancia− a lo lejos, en una extensión perteneciente a la provincia de Bagua−Amazonas el imponente cerro de chipago que seguramente es el pico más alto de toda esa parte de la región.

Llegar a Panamá en esos tiempos no era fácil, −en la actualidad existe carretera afirmada, una media hora en motocicleta o automóvil es suficiente−, desde el otro lado, la fila de San Lorenzo, ese paisaje maravilloso te invitaba a avanzar, que llegarías rápido y que la travesía sería confortable; sin embargo, enfrenar ese camino era una auténtica odisea.

El director del colegio siempre acompañaba a los alumnos, el profesor Zenobio Vargas, un tipo serio, con el aplomo justo de un director, quien junto a todo el equipo docente completaba la delegación. El profesor Juan Bardales era el entrenador del equipo de fútbol, un entrenador muy disciplinado, nos levantaba todos los días a las 5 am a correr en las delicias. Recuerdo al profesor Juan con mucho cariño porque lograba cosas importantes con los alumnos, y no necesariamente triunfos a nivel provincial, −aunque a nivel distrital arrasábamos− sino pequeñas victorias con nuestras vidas. Mi hermano José era un tipo gordo y chato, tenía 14 años, José no nació con habilidades para el fútbol, en absoluto, no tenía ni presente ni futuro en la selección. El profesor Juan, incitado por mi padre y pensando en la salud de mi hermano, lo convocó en una oportunidad a formar parte de los entrenamientos del equipo seleccionado, lo convenció que podía ser arquero de la selección en algún momento, José empezó a entrenar disciplinadamente, se levantaba todas las mañanas a correr 40 minutos, luego a entrenar las tardes de manera intensa y finalmente hacer un poco de fútbol con otros compañeros de calidad parca, para que no se amilane. Mi hermano nunca fue convocado a los partidos oficiales, ni siquiera como suplente, pero sin ser minuciosos al inicio nos empezábamos a dar cuenta que día a día perdía varios gramos, y luego kilos de tejido adiposo de su rechoncho cuerpo; y eso no era todo, también empezó a crecer centímetros en su estatura. Al cabo de ese año José perdió 12 kilos de peso y creció 9 centímetros de estatura, fue capaz de lograr tal cambio en su aspecto corporal que no le importó alternar algún día en el equipo, mi padre estuvo muy agradecido con el profesor Juan que no dudó en regalarle un enorme gallo carioco y rizado (shirango).

Lo que quedaba desde la fila de San Lorenzo, era una bajada hasta el caserío del mismo nombre, un poblado muy pequeño a orillas de la quebrada del chupadero. Y finalmente una larga subida no muy empinada, pero sí larga, hasta Panamá.

Finalmente llegamos al centro poblado Panamá, aproximadamente 10 de la mañana, la delegación pimpincana es grande, y como es habitual el colegio anfitrión nos recibe con un rico refresco de chicha morada, formamos para que puedan darnos ese apetecible refresco, porque era un día soleado y la sed apremiaba. Recibimos el refresco y nos disponíamos a conocer un poco el poblado, sus casas de piedra y adobe eran muy características en ese entonces, hermosas plantaciones de coco, naranjos y limas adornaban este paraíso de ceja de selva. Aunque este espacio de tiempo libre era pequeño, aprovechábamos al máximo para llevarnos un bonito recuerdo visual de Panamá

Los jugadores de fútbol que formábamos el equipo del Manuel Gonzáles Prada empezamos a preguntar por la cancha de fútbol donde disputaríamos el partido de la fecha. Obviamente el plato fuerte del día era el partido de fútbol. En cuestión de competencia debo decir que el Manuel Gonzáles Prada, siempre ha dominado en casi todas las disciplinas en todos los tiempos, la razón, y espero no equivocarme, era la cantidad de estudiantes; es decir, al tener mayor número de alumnado, había mayores opciones de elección, y así pues se tenía siempre equipos de vóley compactos, equipos de fútbol ganadores, grandes competidores en atletismo. Arrasábamos siempre en todas las disciplinas. Grande fue la sorpresa para todos cuando nos enteramos que el partido de fútbol sería en la terraza principal del poblado, frente a la iglesia, espacio que a su vez se usaba como una especie de plaza dominguera para los panameños, un espacio –y el único creo− con las cualidades de campo deportivo en Panamá, pero esta cancha tenía un declive considerable, una pendiente visible para cualquiera, el arco de un lado era como que en la cima misma, en la parte alta de la pendiente, y el otro arco estaba plantado en la hondonada de la plazuela, estando abajo podías ver lo pequeño que parecías frente a tu rival; del mimo modo, si estabas al otro lado.

Teníamos claro que no sería fácil jugar en esta cancha, para ganar debíamos sostener nuestra valla en cero cuando estemos en desventaja geográfica, o al menos que no nos metan una docena de goles, y aprovecharlo al máximo cuando estemos del otro lado.

Continuará…

sábado, 6 de junio de 2020

El otro clásico, donde la garra era celeste


DAMEL VARGAS
Había una vez un clásico que se jugaba muy seguido en el complejo deportivo de Pimpingos o en la cancha las delicias. Los pimpincanos llamamos el complejo básicamente a una losa deportiva, no es que sea un centro de esparcimiento comunal a favor de la población, nada de eso. Es solo una cancha de fulbito, simplemente. Y las delicias es un campo deportivo grande, con medidas para la práctica de fútbol que se encuentra también en Pimpingos al costado del cementerio general, las delicias es una cancha de arena que cumple creo yo, con las condiciones mínimas para la práctica del balompié, tiene dos enormes arcos de guayaquil y cada vez que hay un partido oficial se pintan las líneas demarcatorias con arena blanca fresca.

Estos dos campos son testigos de esta gran rivalidad que existió en el aula de la promoción 2003 del colegio Manuel Gonzáles Prada, una rivalidad que se gestó desde el amor descontrolado por dos clubes de fútbol nacionales, el Club Sporting Cristal y el Club Universitario de Deportes, equipos que en esos años (1997-2003) dominaban el fútbol profesional en el Perú. Cabe mencionar que la mitad de alumnos varones del aula eran hinchas de Cristal, mientras que la otra mitad de Universitario, no sabemos la razón para que no haya alumnos seguidores de Alianza Lima (aunque hubo un compañero hincha de Alianza, pero repitió en el primer año por eso no lo incluyo en el relato), el otro club con gran arraigo popular en el país, o es que los astros se alinearon para hacer posible este “otro clásico” que cada vez que se jugaba lo hacían con el cuchillo entre los dientes, masticando vidrio, pisando carbón, con una entrega y coraje que eran capaces de dejar la propia vida en el campo con tal de no salir derrotados, jugaban con el corazón en la mano desde el primer minuto hasta el último, perder significaba muchas cosas en contra para el equipo, dejando en claro que no solo era un partido de fútbol, una derrota representaba aguantar la mofa toda la semana en el aula, y un triunfo enaltecía su reputación, los hacía respetables dentro del aula, les permitía burlase del otro, aseguraba una semana feliz esperando el próximo partido que era rápido, en días. Había tiempos en los que los enfrentamientos llevaban incluso a finales inciertos, a vece con peleas entre compañeros y batallas campales, por suerte eran chicos, y de la misma aula, así como un partido de fulbito los enemistaba rápido, también los juntaba de la misma manera.

El equipo de Universitario lo integraban Edwin (titular de la selección MGP), Helder (titular de la selección MGP), Abdael, Dante (titular de la selección MGP), Orlando (titular de la selección MGP), Ray y Leo,  de los 7 integrantes 4 de ellos eran titulares indiscutibles de la selección oficial del colegio, la selección del MGP en esos años arrasaba con cualquier rival que se presentase, era un equipazo y los 4 jugadores de mi aula eran buenos, Edwin arquero, se creía el Ibáñez de su equipo, y debo decir que si tapaba bien. Helder podía jugar de defensa, como también de delantero y lo hacía excelente, Dante un delantero cumplidor, de gran pegada, Orlando era un buen jugador, aunque un poco parco diría, su lentitud en el campo era su defecto y en el aula era el chico malo, el jaguar del colegio, se aprovechaba de su biotipo para hacer sentir su predominio frente a los demás, no podías contradecir a este tipo o te ganabas un sopapo, Leo era un tipo con pinta de jugador, tú lo mirabas y pensabas que te podía rendir en el campo, pero en la práctica era malísimo, no tenía posición en el campo, cuando a Edwin se le antojaba, guardaba en el arco a Leo. Abdael y Ray completaban ese equipo, Abdael con mejores condiciones que Ray quien luchaba con lo que tenía, como podía a favor de su equipo. Ray era el alumno de estatura más baja del aula, condición que hacía que sus compañeros le armaran mofas; además, tenía una cara que te invitaba reírte con él o de él, cosa que no le molestaba mucho, tenía mucha correa. Y es lo que había, es lo que era el equipo de la U, un cuadro con el 80% de la selección del colegio. Un equipazo.

Mientras que el equipo de Cristal lo componían Geiser, Hammer (titular de la selección MGP), Alberto (titular de la selección MGP), Daniel (a veces suplente de la selección MGP), Alejandro y Alber. Edinson era también un jale de Cristal, un tipo al que no le gustaba el fútbol, y si jugaba lo hacía por compromiso, generalmente cuando faltaba algún integrante del equipo, pero aportaba completando jugadores cuando se le solicitaba. A todo esto, si analizas objetivamente esta plantilla, te darás cuenta que era un equipo discreto, la mayoría de los integrantes no componía el equipo seleccionado de colegio, de estos 7 sujetos, seleccionados del colegio eran Alberto, Hammer y Daniel; este último, rara vez jugaba unos minutos en la selección, si jugó algún día, lo hizo pero entrando solo algunos minutos al final del partido, y cuando la victoria ya estaba asegurada, nunca fue importante para la selección.

Geiser hacía de arquero del equipo, un tipo muy nervioso, era un portero que no brindaba seguridad, podía escurrírsele el balón muy fácilmente de las manos; un portero inseguro. Alejandro era un tipo alto y flaco, pero con pocas cualidades para mover el balón, no tenía posición definida, para escribir lo hacía con la izquierda, pero para jugar al fútbol no se sabía qué pie dominaba, y para asegurar, siempre jugaba de delantero, atrás siempre la cagaba. Hammer era un buen jugador, tenía un puesto en la selección del colegio y su puesto era centrodelantero, debo decir que en la selección no daba la seguridad que sí tenía cuando jugaba para Cristal, se transformaba en un delantero goleador, no perdonaba una. Bola que recibía en el área, bola que embocaba al arco. Alber era un gordito simpático, que formaba parte del equipo porque no había más jugadores, pero tenía el corazón más celeste que todos, era un tipo hincha de Cristal al extremo y lo que no tenía en habilidades con la pelota lo tenía en cojones, o pasaba el jugador o la pelota, nunca los dos. Por seguridad a su propia portería, Alber jugaba de delantero también, junto a Hammer y Alejandro. Capítulo aparte para Alberto, el mejor jugador, a lo mejor de toda el aula, de todo el colegio, no tengo duda de eso, Alberto era el Riquelme del equipo, o el Solano, si lo comparamos con un grande del Sporting Cristal, el distinto, técnicamente muy dotado, tenía la visión del juego en el equipo, era el líder natural dentro del campo, el que ordenaba de la mejor manera a sus limitados compañeros para repeler al equipazo que tenían en frente. Junto a Daniel jugaban en la defensa. Alberto se metía el equipo al hombro, nunca jugaba mal, era el destacado siempre.

Cristal tenía en su equipo como máxima figura a Alberto, todo el equipo jugaba alrededor de él, todos hacían caso a sus indicaciones acertadas siempre en el campo, esta escuadra cuando se trataba de un Cristal-Universitario, se transformaba se volvía un equipo combativo, una escuadra avasalladora, un huracán, Geiser tapaba bien, Daniel se transformaba en un defensa infranqueable, Alejandro era un delantero que se comportaba como el primer defensa del equipo, Alber hacía sufrir a la defensa rival, hasta goles metía. Era un equipo con garra, una escuadra que se entregaba por completo en defensa de sus colores, unos leones dentro del campo. En tanto la escuadra de Universitario era una constelación de estrellas, 4 de los 6 jugadores eran buenos, muy buenos diría, pero cuando se articulaban, no jugaban tan bien como sí lo hacían en la selección del colegio. Les faltaba algo, ¿será que necesitaban un Alberto en su equipo?, o ¿tenían hasta 4 de ellos y los egos de estos 4 líderes jugaban en contra de su escuadra? no tenían la unidad que sí tenía Cristal, les costaba ganar, el exceso de talento jugaba en contra de su equipo. Con esto no quiero decir que Cristal siempre ganaba los partidos, obviamente Universitario tenía lo suyo, eran buenos jugadores, y muchas veces sus recursos individuales salían a relucir para salvar partidos, Edwin era el defensor más efusivo de su club, el más enérgico de su equipo, el que era capaz de pechar a su compañero si no estaba poniendo todo.

Cristal desde su inferioridad partido a partido pudo emparejar de lejos, a lo largo de los 5 años de estudios los partidos, hasta podría afirmar 20 años después que, en la balanza, Cristal tiene más triunfos que Universitario en el historial de enfrentamientos. Ojalá pudiéramos retroceder el tiempo y observar desde esas gradas improvisadas del complejo, o desde las gara garas, tras del inmenso arco de guayaquil en la cancha de las delicias; sí, porque esta sarta de pubertos jugaban 6 por cada lado en una cancha de fútbol cuando se proponían, partidos de este “otro clásico” que se jugaba con el corazón en la mano, allá en este pueblo lejano de la provincia de Cutervo. Estoy seguro que estas batallas seguramente viven aun en los recuerdos y los corazones de estos adultos ya, pero que conservarán el alma de adolescente, defendiendo sus colores hasta el último aliento.

LA MEJOR EXPLICACIÓN DE LA CAUSA GENÉTICA DE LA CALVICIE

  La calvicie, también conocida como alopecia androgénica, es una condición hereditaria que afecta aproximadamente el 50% de los hombres y e...