sábado, 4 de febrero de 2023

LA MEJOR EXPLICACIÓN DE LA CAUSA GENÉTICA DE LA CALVICIE

 

La calvicie, también conocida como alopecia androgénica, es una condición hereditaria que afecta aproximadamente el 50% de los hombres y el 30% de las mujeres en todo el mundo. La calvicie se produce cuando los folículos pilosos en el cuero cabelludo gradualmente se vuelven más pequeños y producen cabello más fino y débil hasta que finalmente dejan de producir cabello.

La causa subyacente de la calvicie es multifactorial y involucra factores genéticos y hormonales. La calvicie se hereda a través de los cromosomas X e Y y se cree que está asociada con varios genes que controlan la producción de hormonas andrógenas, incluyendo la testosterona y su metabolito activo, la dihidrotestosterona (DHT).

La DHT se une a los receptores en los folículos pilosos y causa su encogimiento y debilitamiento, lo que a su vez reduce la producción de cabello y puede llevar a la calvicie. Los niveles de DHT aumentan con la edad y pueden ser influenciados por factores externos, como la dieta y el estrés, lo que aumenta el riesgo de calvicie.

Además, los estudios también han identificado una asociación entre la calvicie y la inflamación crónica del cuero cabelludo, que puede ser causada por una variedad de factores, incluyendo la exposición a productos químicos, enfermedades del cuero cabelludo y estrés.

En conclusión, la causa genética de la calvicie es una combinación de factores hereditarios y hormonales que incluyen la producción de hormonas andrógenas y su efecto en los folículos pilosos, así como la influencia de la inflamación crónica en el cuero cabelludo. Aunque no hay una cura para la calvicie, existen tratamientos disponibles, como terapia hormonal, medicamentos tópicos y cirugía, que pueden ayudar a disminuir o prevenir su progreso.

 

FINASTERIDE COMO TRATAMIENTO DE LA ALOPECIA

 Finasteride es un tratamiento médico utilizado para tratar la calvicie o la alopecia androgenética en hombres. La alopecia androgenética es una forma común de pérdida de cabello que se produce debido a la acción de la hormona masculina testosterona en los folículos capilares.

Finasteride es un inhibidor de la 5-alfa-reductasa, una enzima que convierte la testosterona en dihidrotestosterona (DHT), una hormona responsable de la miniaturización y la pérdida de cabello en los hombres. Al bloquear la acción de la 5-alfa-reductasa, finasteride reduce la producción de DHT y puede ayudar a detener la pérdida de cabello y estimular su crecimiento.

El tratamiento con finasteride se realiza mediante la administración diaria de un comprimido de 1 mg. Los resultados pueden ser visibles después de 3 a 6 meses de tratamiento, y la pérdida de cabello puede detenerse y, en algunos casos, se puede lograr un crecimiento significativo del cabello.

Sin embargo, es importante tener en cuenta que finasteride no es efectivo en todos los hombres y que los resultados pueden variar. Además, el tratamiento con finasteride es un tratamiento a largo plazo, y es necesario continuar tomando el medicamento para mantener los resultados.

Además, es posible que se produzcan efectos secundarios con finasteride, como disminución de la libido, disfunción eréctil y alteraciones en la eyaculación. Sin embargo, estos efectos secundarios son poco frecuentes y generalmente desaparecen una vez que se deja de tomar el medicamento.

En resumen, finasteride es un tratamiento efectivo para la calvicie en hombres, y puede ayudar a detener la pérdida de cabello y estimular su crecimiento. Sin embargo, es importante consultar a un médico antes de comenzar el tratamiento con finasteride para evaluar si es adecuado para cada caso en particular y para prevenir posibles efectos secundarios.




¿Y CUALES SON LAS CAUSAS DE LA CAÍDA DEL CABELLO?

 

Hay muchas causas que pueden provocar la caída del cabello, aquí algunas de las más comunes:

  •  Genética: la calvicie hereditaria es una de las causas más comunes de la pérdida de cabello.
  •  Cambios hormonales: los cambios hormonales, como la menopausia o la andropausia, pueden afectar el crecimiento del cabello.
  •  Estrés: el estrés emocional o físico intenso puede causar pérdida temporal de cabello.
  •  Deficiencias nutricionales: una dieta pobre en nutrientes esenciales, como hierro, proteínas y vitaminas, puede contribuir a la pérdida de cabello.
  •  Medicamentos: algunos medicamentos, como los anticoagulantes, los antidepresivos y los medicamentos para tratar la presión arterial alta, pueden causar pérdida de cabello.
  •  Trastornos del cuero cabelludo: afecciones como la seborrea, la dermatitis seborreica y la tiña capitis pueden causar pérdida de cabello.
  •  Enfermedades: enfermedades como el hipotiroidismo, la anemia y el lupus pueden causar pérdida de cabello.
  •  Tratamientos de belleza agresivos: el uso excesivo de productos químicos para el cabello, como los tintes y las planchas, puede dañar el cuero cabelludo y provocar pérdida de cabello.

 Es importante recordar que la caída del cabello es un fenómeno normal y que es posible perder entre 50 y 100 cabellos al día. Sin embargo, si se experimenta una pérdida de cabello significativa o inusual, es recomendable consultar a un profesional de la salud para determinar la causa subyacente y el tratamiento adecuado.

 

¿Y CUAL ES EL MEJOR TRATAMIENTO PARA LA CAÍDA DEL CABELLO?

Hay varias opciones de tratamiento para la calvicie, y la mejor alternativa depende de la causa subyacente y la preferencia individual. Algunas opciones incluyen:

  •  Terapia de minoxidil: se aplica directamente al cuero cabelludo y ha demostrado ser eficaz en el crecimiento del cabello en algunas personas.
  •  Terapia con finasteride: es un medicamento oral que se prescribe para tratar la calvicie masculina y puede ayudar a detener la pérdida de cabello y estimular su crecimiento.
  •  Transplante de cabello: es una opción quirúrgica en la que se extraen folículos capilares de una zona del cuero cabelludo y se implantan en otra.
  •  Terapia con láser: utiliza luz de baja intensidad para estimular el crecimiento del cabello y puede ser efectiva en la prevención de la pérdida de cabello.

 Es importante tener en cuenta que no todos los tratamientos funcionan para todas las personas y que es posible que se necesite un enfoque combinado para obtener los mejores resultados. Es recomendable consultar a un dermatólogo o a un tricólogo para evaluar las opciones de tratamiento más adecuadas para cada caso en particular. 

sábado, 11 de julio de 2020

A Mario Romero Pérez


FOTO: realidad.pe
DAMEL VARGAS
La agencia andina titula de la siguiente manera el suceso: –De acuerdo con diversos medios de comunicación, el “ángel del oxígeno” está grave. Se trata del empresario Mario Romero Pérez, quien vendía balones de oxígeno medicinal a precio justo de 15 soles el metro cúbico en San Juan de Miraflores, abasteciendo a toda Lima Sur–. El ángel del oxígeno está en UCI, contrajo el COVID19, seguido de una serie de adjetivos positivos a su favor, y continuación surgen las preguntas de rigor para una situación tan dura que debe estar pasando Mario:

– ¿Por qué a él?
– ¿Por qué no se cuidó sabiendo que tiene una edad de riesgo?
– ¿Logrará salvarse de esta?

Es muy posible que Mario abandone la UCI, está conectado a un respirador artificial que le da muchas probabilidades de sobrevivir, como también tiene algunas de perder la vida, he visto en el hospital donde laburo, morir personas después de estar 3 semanas conectadas al respirador, como también he visto salir airosos de alta a otros.

Mario está entubado, inconsciente, dormitando un periodo de varias semanas seguramente, esperando lo mejor y un país recordando sus actos de bondad con gran cariño, con gran respeto, adjetivándolo de héroe, de ángel, de buena persona, de empresario humilde y consciente.
No sabemos si Mario logre salir de esta situación airoso, esperemos que sí, lo que sí se sabe es que por medio de su comportamiento empresarial se ha vuelto inmortal, se ha convertido en el símbolo de la honradez, de la solidaridad y de la colaboración.

¿Ustedes saben la miel que significa para los labios de un empresario el hecho de saber tener algo que toda la gente quiere?. Es lo que tenía Mario, algo simple pero necesario, un producto como el oxígeno, que miles de personas formando colas trataban de adquirirlo, y que no escatimaban en gasto para obtenerlo, situación que otros empresarios aprovecharon para subir los costos hasta un 500% por sobre el precio publicado por Mario.

Y es que un ser humano es rico cuando teniendo la oportunidad de robar no roba, cuando teniendo el poder, no lo usas como fuente de abuso sobre los demás, algo tan simple que viene grabado en la educación, en las buenas prácticas de crianza, en los ejemplos que tuvimos en la vida, unos buenos padres, unos buenos abuelos, una sociedad justa a nuestro alrededor. Ojalá emulemos a Mario en algunos de nuestros actos en la sociedad.

Mario pudo tranquilamente vender el oxígeno a 100 soles, y si quería a más. Pero no. –solamente lo vende a 15 soles el metro cúbico–. Tuvo sus principios tan claros que no tuvo que recurrir al aumento de precios con el fin de hacerse de mayor caudal monetario. Y es acá donde quiero hacer un paréntesis, la verdadera riqueza no está en la cuenta bancaria de nadie, Mario ya era rico desde siempre, y lo sigue siendo, porque la verdadera fuente de riqueza está en el interior, que se manifestó en sus actos con su público, con los usuarios, con la gente que lo necesita, con el padre de algún empresario, con la madre de algún médico, con la esposa de algún fiscal, con algún vendedor de mercado, todos se beneficiaron de la actitud positiva de Mario.

Mario nos entregó por medio de una acción, su riqueza interior para hacernos entender muchas cosas: primero, la verdadera riqueza está enquistada en uno, sin medir el número de monedas, sin la billetera llena de tarjetas de crédito, como también la avaricia, del otro lado que puede ser parte de ti; segundo, cuando haces el bien, la propaganda viene sola, porque los actos de bondad atraen adeptos positivos, admiradores anónimos, tanto así que ahora todo un país pide tu regreso, pide tu recuperación; tercero, te haces viral de la manera más positiva posible, no hay nada más limpio para uno el hecho que te reconozcan por hacer el bien, por servir a los demás, por el altruismo de uno.

Cuando tus actos se convierten en fuente de principios, tu vida física es solo una mera presencia ficticia en la tierra. El gran caballero de los mares Miguel Grau vive para siempre en la admiración general, su vida es real a pesar de su ausencia física. Mario es el Grau del nuestro siglo, el caballero del oxígeno. Un orgullo más para los peruanos, un héroe que no necesitó de pompas para ser presentado, que la única batalla que tuvo que enfrentar fue el no quebrantar su consciencia, que su comportamiento natural lo llevó al respeto general.

Somos Mario, seámoslo siempre.

viernes, 3 de julio de 2020

Día de gloria (parte 2 de 2)



DAMEL VARGAS 
La selección de fútbol del Manuel Gonzales Prada tenía una camiseta amarilla con rayas verdes, ídem a la indumentaria de la selección brasileña, campeona del mundial 2002 en Corea-Japón; mientras que la selección de vóley vestía de celeste con rayas blancas, no teníamos como institución un uniforme deportivo que nos identifique, los varones amábamos la camiseta brasileña, nos hacía ver campeones mundiales, nos hacía ganadores desde el arranque, mientras las mujeres eran felices con la celeste y blanco.

Curiosamente mi participación en la selección de fútbol del colegio había sido siempre efímera, estaba clasificado como suplente por el entrenador Juan, siempre en la banca, a pesar de no ser un negado con el balón, tenía la seguridad que habían muchos jugadores mejores que yo, de mucho mayor talento, muchachos trabajados mejor físicamente, de buen biotipo y mentalmente más fuertes. Por eso el entrenador se aseguraba y me sentaba como un estimable quinto o sexto suplente; sí, en ese orden, y lo afirmo categóricamente porque la indumentaria era limitada, solamente habían 15 uniformes; no más, y nunca o casi nunca me ordenó ponerme el uniforme, se ponían quince tipos, y yo no era uno de ellos. Pero era suplente. El entrenador y buen profesan Juan Bardales me decía tener estima a mi talento, y que debía estar dispuesto a jugar en cualquier momento por la selección, aunque no podía vestir el uniforme porque no habían unidades suficientes, obviamente yo le creía, − ¿por qué no creerle? – era un tipo muy acertado, sabía lograr cosas importantes, lo había hecho en múltiples oportunidades. Si fue capaz de hacer que mi hermano José perdiera 12 kilogramos de tejido adiposo, y además propiciar el aumento de su estatura de 12 centímetros, a lo mejor podía hacer de mí un goleador de la selección oficial del colegio, un proyecto de futbolista profesional, una estrella del fútbol peruano. Quién sabe.

Estábamos en un aula asignada por el Mariano Melgar para usarlo como vestidor, era la entrega de uniformes a los seleccionados, el entrenador sacaba los uniformes de una bolsa transparente, ­−los uniformes, así como eran limitados, también eran de devolución rápida y obligatoria: lo usabas, ibas a tu casa con el mismo, y luego de lavarlo lo tenías que devolver a la institución­−, y llamaba de uno en uno para entregarle su polo amarillo con rayas verdes, un short verde y unos calcetines verdes con unas rayas horizontales amarillas, cuando mis esperanzas se habían agotado, nuevamente, el destino me tenía preparada una sorpresa de mucho agrado, y es que sobraba un uniforme con el número 23, que me entregó y me ordenó que me pusiera, −ya, ponte el uniforme Vásquez–, me espetó. Incrédulo, nervioso y feliz me dispuse a cambiarme, cuando finalmente estaba puesto el uniforme de la selección, fue un momento hermoso para mí, por primera vez iba a vestir el uniforme oficial de mi querido Manuel Gonzáles Prada, por primera vez me sentí dentro del equipo y por primera vez sentía las chances reales de jugar, aunque de seguro no iba de la partida, pero el segundo tiempo tenía con toda seguridad unos minutos en el terreno de juego.

La sorpresiva aparición de un uniforme libre, y que pude usar ese día, se debió seguramente a que algunos suplentes habituales, no pudieron viajar a Panamá.

¿Mi momento había llegado acaso?

Las diferentes competiciones de atletismo habían empezado temprano, eso de las 11 am ya se estaba disputando la carrera de 100 metros, carrera de postas, salto alto y salto largo. El Manuel Gonzáles Prada tenía muy buenos representantes, demás está decir que ganamos en todas las disciplinas. Había una familia –Burga− que daban hijos de un talento extraordinario, con habilidades deportivas descomunales, eran los participantes habituales de casi todas las competiciones, veías un Burga en carrera de 100 metros, otro en saltos, una jovencita de apellido Burga en vóley y uno más en fútbol. Y al parecer, los Burgas representaban a una familia muy prolífica, eran bastantes, tanto así que cuando se graduaban los de más edad, aparecían otros en grados inferiores y así nunca dejabas de ver uno, dos o más Burgas en las aulas, habían unos en primero, otros en tercero y otros más en quinto.

El partido de vóley se disputó inmediatamente después del almuerzo, comida que deglutimos muy rápidamente en las aulas del Mariano Melgar, −los que llevamos fiambre−, mientras que otros salieron a comer en casa de algún familiar, o comprar en alguna fonda panameña. El partido fue de mero trámite, la selección del Manuel Gonzáles Prada, comandada por el entrenador Salvador se impuso en menos de una hora de juego por un contundente 3 sets a cero, las chances del Mariano Melgar eran nulas, dado que nosotros teníamos en el equipo una voleibolista muy destacada, Liliana Fuentes –la gata− quien jugaba en la selección mayor del distrito, una matadora implacable de 1.72 metros de estatura y un cuerpo descomunal a sus 16 años, la gata y sus envenenados balonazos entre la net y los brazos frágiles de las rivales, hicieron sucumbir muy temprano al débil equipo del Melgar. 

El partido de fútbol tenía que empezar rápido, no había tiempo que perder, el regreso de la delegación se acercaba, así que aproximadamente 2.30 pasado el mediodía ya se estaba arrancando con el primer tiempo, recuerdo estar en la banca junto al entrenador y ver a mis once compañeros empequeñecidos por el rival porque el primer tiempo nos tocó ir desde la parte baja de la cancha, en contra del Melgar –que conocían su campo de fútbol, entrenaban allí supongo− y en contra de la misma accidentada cancha. El Manuel Gonzáles Prada, se vio atacado desde el vamos, desde los primeros ataques panameños ya sufríamos las inclemencias geográficas del campo de juego, a los 10 minutos de juego nuestro defensor Alexander, se vio obligado a cometer penalti, un mal rechazo lo obligó a cometer una falta, que si bien es cierto evitó el gol, hizo que se ganara una tarjeta amarrilla y tiro de los 12 pasos, oportunidad no desaprovechada y convertida en el 1 : 0. ¡Gol!, la gente panameña celebró efusivamente ese gol desde los once pasos, situación que mejoró el ánimo de los locales porque se vinieron con todo, tanto que 5 minutos más tarde convirtieron el 2 : 0. ¡Gol!, las tribunas explotaron, la gente invadió la cancha para celebrar con los jóvenes jugadores, y las caras de mis compañeros en el campo y del entrenador eran de sorpresa, de desazón, antes de la mitad del primer tiempo ya estábamos con una deuda de 2 goles. Mamita.

El partido más esperado, la competición más importante del día lo estábamos perdiendo fácilmente, nos estaban encajando goles de la manera más burda, y por aquel rival que siempre había sido inferior a nosotros, históricamente inferior, históricamente ganable. 

La pesadilla de imaginarse la canasta llena de goles en contra, en el tiempo de desventaja geográfica en el accidentado terreno de juego, empezaba a rondar en la cabeza del buen entrenador Juan Bardales; mientras tanto, yo veía más cercana la posibilidad de ingresar el segundo tiempo, porque algo debieron estar haciendo mal sus dirigidos, un cambio a lo mejor remediaba las analíticas del profesor.

El final del primer tiempo llegó, mis compañeros aguantaron hidalgamente el 0 : 2 en contra, porque pudimos haber recibido más de 2 tranquilamente, −los panameños se lamentarían toda su vida el no poder encajar más de 2 goles, porque tuvieron oportunidades−, pero la preocupación del profesor estaba en que los ataques nuestros habían sido casi nulos, –el segundo tiempo tiene que ser nuestro– decía en el entretiempo, –no nos pueden ganar, somos mejores que ellos, somos el Manuel Gonzáles Prada–.

El segundo tiempo estaba en marcha, la ventaja que nos dio el campo de juego era un arma más, que jugaría a favor nuestra, desde el arranque ya podíamos acercarnos a su arco, aunque ahora la desventaja era la condición de visita, todo el perímetro del campo de juego estaba lleno de aficionados panameños, tras del arco de nuestro guardameta Geiler –el pelón–, estaba la multitud más efusiva en apoyo a su escuadra, no solo insultaban a nuestro buen arquero, sino también apedreaban, tiraban botellas, y otros objetos, pero para fortuna nuestra era que esos entusiastas hinchas no jugaban, y en el campo de juego éramos 11 contra 11.

Había pasado 10 minutos del segundo tiempo y no llegaba el gol del descuento que nos dé una esperanza, que nos pueda inyectar una dosis de ánimo para poder empatar y ganar el partido; el entrenador Juan, mismo Bielsa se ponía en cuclillas, caminaba, se agarraba la cabeza, ponía el ceño fruncido, se tapaba la cara y gritaba a sus dirigidos para que pongan más huevos. Un par de minutos más tarde ya nos ordenó a toda la banca de suplentes salir a calentar, estando en plena calistenia hubo un alarido seco, de la barra pimpincana ¡Gol!, y un silencio en las tribunas. Lorenzo Burga –qué casualidad, un Burga­– conectó un potente zurdazo desde cerca del banderín de córner al interior del arco, el guardameta estaba mal posicionado que se le escurrió el balón entre su humanidad y el poste, era el 2 : 1, gol que no se celebró, el mismo Lorenzo cogió el balón y corrió al centro del campo para que el rival saque el gol y pudiera volver el fútbol de inmediato. El primer objetivo estaba cumplido: meter un gol rápidamente.

Al minuto 15 y con un gol en contra, el entrenador me llamó y me ordenó ingresar al campo, mi corazón estaba a punto de explotar, iba a ingresar reemplazando a tipos mejores que yo, compañeros que siempre me habían banqueado, pero también sabía que era mi momento, era este día o nunca, era a lo mejor, mi única y última oportunidad para mostrarme en la selección mayor. Luis Orlando –el vaca– fue el elegido, para ser reemplazado por mí, yo traté de disimular mis nervios e ingresé con hidalguía al campo, el entrenador me indicó pararme en la media cancha, y anular a los volantes creativos contrarios, no dejar pensar y atacar al pie para recuperar el balón y pasar siempre a un amarillo, −obviamente olvidé todo lo indicado e ingresé y jugué casi por pura inercia−, los primeros minutos fueron difíciles, sentí el ahogo inicial por los nervios que llevaba y la adrenalina liberada, poco a poco me fui soltando, ya había hecho unos quites y pasado unos balones a mis compañeros.
Aproximadamente a los 10 minutos de mi ingreso, porque desde entonces perdí la noción del tiempo, Lorenzo Burga nuevamente conectó otro zurdazo desde el borde del área: ¡gol!, ¡golazo! –otro grito seco desde las tribunas– y el empate del marcador: 2 : 2, se celebró en el campo y en la banca también. Segundo objetivo cumplido: empatar el partido. Tratándose de un partido de visita, no estaba mal un empate, que además de ser como se dieron las cosas –de levantar dos goles en contra– no sabía a poco, además que faltaba poco tiempo para el final, a pesar de ello seguíamos buscando un gol más, uno que resultase el triunfo, que nos de la gloria ese día, que nos inyecte esa dosis de ánimo para enfrentar ese largo camino de regreso de 4 horas nuevamente hasta nuestro Pimpingos, un triunfo que nos haga llegar orgullosos al distrito en esa tarde noche.

Triunfo que finalmente sucedió, y es que a dos minutos del final, y a falta de descuentos, recibo un balón a media altura, a unos 35 metros del arco, supongo que los rivales estaban cansados porque tuve tiempo de acomodar el balón que me quedó justa para empalmar un remate directo de derecha al arco, que asimismo resultó un tiro perfecto. GO-LA-ZO, el arquero que estaba en el borde del área chica no pudo alcanzar el balón, fue sorprendido con el tiro que venía de lejos, –fue un gol con esencia de fútbol puro, fue el arte del engaño en vivo–, cuando reaccionó ya estaba con la pelota adentro. ¡Gol!, ¡gol! Y el 2 : 3 a nuestro favor. Fue un momento de inmensa alegría, no sé ni cómo celebré o intenté celebrar, lo que recuerdo es correr hasta el banco a abrazar a mi entrenador, a agradecerle la oportunidad, a decirle que merezco titularidad, o no sé, lo que pasó luego es que ya no pude avanzar más, mis compañeros ya se habían derrumbado sobre mí humanidad, una horda de pubertos me aplastaban sobre ese gras grueso de la cancha, unos me felicitaban, otros me jalaban los pelos, otros me insultaban. Fue un momento espectacular para mí, –Lorenzo Burga era el habitual goleador de la selección; es decir, que él meta los goles era normal, pero que yo metiera un gol, no: fue el único gol que pude hacer para mi colegio en los 5 años de estudio, ¿será por eso que lo recuerdo hasta ahora?– sabíamos que el triunfo se había logrado, en los minutos finales los rivales no pudieron hacer mucho, el final fue pitado por el árbitro y el DÍA DE GLORIA fue nuestro.

viernes, 19 de junio de 2020

Día de gloria (parte 1 de 2)



DAMEL VARGAS 
Recuerdo un viaje con mis compañeros de colegio al centro poblado Panamá de Pimpingos, nos tocó en esta oportunidad visitar al Colegio Mariano Melgar, un colegio secundario con una cantidad regular de alumnos −supongo que no pasaba de 100−, era el rival a vencer en sendas definiciones de ida y vuelta para pasar a la siguiente etapa de las olimpiadas escolares. Para llegar a Panamá no era una ruta fácil, teníamos que caminar entre las montañas cerca de 4 horas por un camino de herradura que se nos presentaba con diferente nivel de dificultad dependiendo a la localidad: a la salida del distrito era arenoso y con piedras falsas, a mitad de camino entre pedregales y barro; y al final largas travesías secas y calurosas. Una ruta pesada para llegar y enfrentar en diferentes disciplinas al combinado panameño: vóley, fútbol, carrera de cien metros libres, carrera de postas, salto alto, salto largo, Etc. −obviamente el plato fuerte de las competiciones, era el partido de fútbol masculino−, el vóley también generaba una expectativa particular entre las barras de ambos colegios, pero como es habitual en nuestro país, el fútbol lleva la delantera.

El Manuel Gonzáles Prada versus el Mariano Melgar se medían fuerzas ese jueves del mes de junio del 2001.

Para llegar a Panamá desde Pimpingos, teníamos que pasar por un camino muy extenso y accidentado, iniciando con una pendiente hasta la quebrada llamada  la tacshana, luego una subida muy empinada por un camino de superficie muy falsa, fácilmente te podías resbalar hasta incluso caer por la arena del camino, una cuesta temible, muy desgastante, hasta llegar a la cima de esta montaña, sitio denominado el derrumbo, −a media subida, podías tomarte un rico sorbo de agua, directamente de una naciente, debajo de una enorme piedra−, seguíamos por una travesía larga, muy larga pasando por shanlla, cruce de Michino, el guayabo y la piedra agachada que nos llevaba hasta la fila de San Lorenzo, lugar que era como la cima de un enorme cerro, que dejaba ver debajo el enorme valle de San Lorenzo y al frente –al otro cerro− visualizabas el poblado de Panamá y El Anís.

Desde esta cumbre tenías una vista espectacular de toda esta parte del basto distrito de Pimpingos, un paisaje verde, con un fondo lleno de árboles frutales de la infinidad de chacras en toda esa extensión, se podía ver las lagunas de chupadero, la quebrada del mismo nombre, los cañaverales de San Lorenzo, los cafetales de balzal; incluso se podía visualizar el distrito de la Sacilia bien al fondo. Finalmente, y de color azul −por la distancia− a lo lejos, en una extensión perteneciente a la provincia de Bagua−Amazonas el imponente cerro de chipago que seguramente es el pico más alto de toda esa parte de la región.

Llegar a Panamá en esos tiempos no era fácil, −en la actualidad existe carretera afirmada, una media hora en motocicleta o automóvil es suficiente−, desde el otro lado, la fila de San Lorenzo, ese paisaje maravilloso te invitaba a avanzar, que llegarías rápido y que la travesía sería confortable; sin embargo, enfrenar ese camino era una auténtica odisea.

El director del colegio siempre acompañaba a los alumnos, el profesor Zenobio Vargas, un tipo serio, con el aplomo justo de un director, quien junto a todo el equipo docente completaba la delegación. El profesor Juan Bardales era el entrenador del equipo de fútbol, un entrenador muy disciplinado, nos levantaba todos los días a las 5 am a correr en las delicias. Recuerdo al profesor Juan con mucho cariño porque lograba cosas importantes con los alumnos, y no necesariamente triunfos a nivel provincial, −aunque a nivel distrital arrasábamos− sino pequeñas victorias con nuestras vidas. Mi hermano José era un tipo gordo y chato, tenía 14 años, José no nació con habilidades para el fútbol, en absoluto, no tenía ni presente ni futuro en la selección. El profesor Juan, incitado por mi padre y pensando en la salud de mi hermano, lo convocó en una oportunidad a formar parte de los entrenamientos del equipo seleccionado, lo convenció que podía ser arquero de la selección en algún momento, José empezó a entrenar disciplinadamente, se levantaba todas las mañanas a correr 40 minutos, luego a entrenar las tardes de manera intensa y finalmente hacer un poco de fútbol con otros compañeros de calidad parca, para que no se amilane. Mi hermano nunca fue convocado a los partidos oficiales, ni siquiera como suplente, pero sin ser minuciosos al inicio nos empezábamos a dar cuenta que día a día perdía varios gramos, y luego kilos de tejido adiposo de su rechoncho cuerpo; y eso no era todo, también empezó a crecer centímetros en su estatura. Al cabo de ese año José perdió 12 kilos de peso y creció 9 centímetros de estatura, fue capaz de lograr tal cambio en su aspecto corporal que no le importó alternar algún día en el equipo, mi padre estuvo muy agradecido con el profesor Juan que no dudó en regalarle un enorme gallo carioco y rizado (shirango).

Lo que quedaba desde la fila de San Lorenzo, era una bajada hasta el caserío del mismo nombre, un poblado muy pequeño a orillas de la quebrada del chupadero. Y finalmente una larga subida no muy empinada, pero sí larga, hasta Panamá.

Finalmente llegamos al centro poblado Panamá, aproximadamente 10 de la mañana, la delegación pimpincana es grande, y como es habitual el colegio anfitrión nos recibe con un rico refresco de chicha morada, formamos para que puedan darnos ese apetecible refresco, porque era un día soleado y la sed apremiaba. Recibimos el refresco y nos disponíamos a conocer un poco el poblado, sus casas de piedra y adobe eran muy características en ese entonces, hermosas plantaciones de coco, naranjos y limas adornaban este paraíso de ceja de selva. Aunque este espacio de tiempo libre era pequeño, aprovechábamos al máximo para llevarnos un bonito recuerdo visual de Panamá

Los jugadores de fútbol que formábamos el equipo del Manuel Gonzáles Prada empezamos a preguntar por la cancha de fútbol donde disputaríamos el partido de la fecha. Obviamente el plato fuerte del día era el partido de fútbol. En cuestión de competencia debo decir que el Manuel Gonzáles Prada, siempre ha dominado en casi todas las disciplinas en todos los tiempos, la razón, y espero no equivocarme, era la cantidad de estudiantes; es decir, al tener mayor número de alumnado, había mayores opciones de elección, y así pues se tenía siempre equipos de vóley compactos, equipos de fútbol ganadores, grandes competidores en atletismo. Arrasábamos siempre en todas las disciplinas. Grande fue la sorpresa para todos cuando nos enteramos que el partido de fútbol sería en la terraza principal del poblado, frente a la iglesia, espacio que a su vez se usaba como una especie de plaza dominguera para los panameños, un espacio –y el único creo− con las cualidades de campo deportivo en Panamá, pero esta cancha tenía un declive considerable, una pendiente visible para cualquiera, el arco de un lado era como que en la cima misma, en la parte alta de la pendiente, y el otro arco estaba plantado en la hondonada de la plazuela, estando abajo podías ver lo pequeño que parecías frente a tu rival; del mimo modo, si estabas al otro lado.

Teníamos claro que no sería fácil jugar en esta cancha, para ganar debíamos sostener nuestra valla en cero cuando estemos en desventaja geográfica, o al menos que no nos metan una docena de goles, y aprovecharlo al máximo cuando estemos del otro lado.

Continuará…

LA MEJOR EXPLICACIÓN DE LA CAUSA GENÉTICA DE LA CALVICIE

  La calvicie, también conocida como alopecia androgénica, es una condición hereditaria que afecta aproximadamente el 50% de los hombres y e...